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1505 Palabras
Brielle El profesor Blackwell se movía frente a la clase con actitud segura y relajada mientras demostraba sus conocimientos realizando un análisis constructivo de la novela. Era interesante escucharlo hablar, era elocuente y un hombre evidentemente culto. Además de un tanto sofisticado con su atractivo tan pulcro y su voz tan profunda como envolvente. Se supone que era lo que debíamos hacerlo, escucharlo y observarlo, pero entre más pasaba el tiempo más me daba cuenta que no podía dejar de hacerlo aunque quisiera. Que atrapara la atención de todos en su aura magnética y nos tuviera en un obediente silencio escuchando cada una de sus palabras parecía inevitable. Había notado un detalle que llamó mi atención y era que, de vez en cuando, aportaba algún dato interesante respecto a lo que contaba. Lo que me dió a entender que no solo sabía la materia porque fuera un amplio conocedor sino que evidentemente también le apasionaba. Y sí, habían profesores que daban ciertas materias por muchos motivos diferentes a que realmente les gustara. Si había algo que me parecía de los más interesante eran las personas cultas. ¿Cómo podría no ser intrigante y cautivador alguien con profundo conocimiento en diversos temas? Supuse que esa fascinación nació por mi padre. Era un hombre instruido al que realmente admiraba por su conocimiento. Él tenía su oficina repleta de libros pesados y antiguos. Al verlos de pequeña llamaron mi atención y me regaló mi primer libro a los seis años, desde entonces se me facilitó memorizar casi todo lo que leía y veía. Tal vez de allí también nació mi adicción al History Channel, con sus documentales sobre sucesos históricos y misterios interesantes. También porque me encantaba poder descubrir cosas que estaban allí pero ocultas a simple vista, como en las series y los libros de misterio. El profesor Blackwell se apoyó en el borde de su escritorio, con sus manos a los lados de su cadera. Llevaba pantalones de vestir negros, un cinturón delgado de cuero y una camisa blanca ligeramente suelta y evidentemente costosa. Su cabello n***o perfectamente arreglado le daba un aire fresco como recién salido de la ducha, toda su apariencia era cuidada y pulcra. Realmente divagaba al respecto y me dí cuenta que mi atención se había perdido un poco en eso cuando el timbre sonó y me sacó de mis pensamientos. —Para la próxima clase comenzaremos a planear una presentación oral acerca de sus ensayos. Como estoy de buenas será en pareja —agregó y entonces las muecas de los estudiantes se relajaron y hasta se animaron un poco. Mientras guardaba mis cosas pude ver cómo una estudiante, que si mal no recordaba su nombre era Bridget, se acercaba hacia el profesor pasando sus dedos por su cabello rubio. Le dijo algo respecto a unos papeles que tenía en la mano y cuando el profesor les dió un vistazo ella mordió su labio inferior, acercándose discretamente. Estaba coqueteando. —Hola. Mi mirada se dirigió al chico que acababa de acercarse a mí y le sonreí. —Hola… Asher. —Quería preguntarte, si no tienes a nadie más, si te gustaría que hiciéramos juntos la presentación —se ofreció. —Sí, está bien —accedí de buena gana pues realmente no tenía a otra persona en mente y él parecía un chico agradable—. ¿Te parece juntarnos en mi casa para prepararlo? —Claro. Anoté mi número en mi libreta y luego le dí el trozo de papel. —Nos vemos, Brielle —se alejó con una sonrisa amable y me despedí con la mano. Mi móvil sonó y colgué mi bolso en mi hombro mientras atendía la llamada de Tatum. —Estoy castigada. —¿Hadley? —pregunté con una pequeña sonrisa divertida. —¿Quién más? —gruñó fastidiada. La escuché quejarse mientras bajaba los escalones y, mientras más me acercaba a Bridget y al profesor pude notar cuando ella se acercó a él rozando su costado y cómo él se apartaba con su ceño ligeramente fruncido. Blackwell le dijo algo a lo que ella asintió y pasó por mi lado sin rastros de la sonrisa que le daba al profesor, sino más bien era una mueca como si no hubiera obtenido lo que esperaba. —En fin, puedes irte sin mí, aún me queda una larga hora en detención. —De acuerdo —le respondí a Tatum—. De todos modos olvidé avisarte que debo pasar por la biblioteca. —El idiota de Hadley llegó a alegrarme el día —gruñó en voz baja con ironía—. Nos vemos, cariño. Al pasar frente al escritorio, por un breve instante, pude sentir la mirada del profesor sobre mí. —Nos vemos —colgué, dirigiéndome a la puerta como el resto de estudiantes. (***) Pierce No era ignorante a la manera en que las personas, particularmente las mujeres, me observaban. Incluso ante mi actitud y mi carácter poco manejables siempre me escuchaban o se acercaban con una sonrisa. Esta solía desaparecer al momento de encontrarse con un muro de concreto pero, otras veces, no era suficiente mi poca habilidad social y desinterés, eso no les impedía intentar obtener una reacción diferente. Y a veces eran más directas y llegaban con proposiciones nada correctas que me forzaban a ser más duro y hostil. Principalmente se trataba de alumnas, entendía el capricho y la ensoñación juvenil pero no por eso actuaría diferente, sobretodo cuando mi reputación estaba en juego. Por eso, cuando una alumna de literatura se acercó a preguntar sobre algo que ambos sabíamos que ella en realidad había entendido a la perfección, comenzando a invadir mi espacio personal, me aparté. No estaba para esos coqueteos discretos que nunca me pasaban desapercibido. Mucho menos para ver mi espacio personal invadido o mi tiempo malgastado en tonterías y, sobretodo, no quería dejarle el camino libre para continuar con esos comportamientos. No terminarían en nada bueno, para ninguno. Cuando terminé de guardar mis cosas mi mirada viajó por el salón de clases casi vacío y fué cuando pude divisar un objeto sobre una de las mesas. Al acercarme me dí cuenta que era el lugar de la alumna Van der Wedden. Había olvidado su libro. Pensé en llevarlo a secretaría, parecía llevarse bien con la secretaria y estaba seguro de que se lo daría pero, por algún motivo, lo llevé conmigo mientras salía del salón y me dirigía a la biblioteca, donde escuché que estaría. La biblioteca era un laberinto de extensos estantes repleto de libros reliquias para la universidad. El silencio me envolvió mientras avanzaba y solo se percibían mis ligeras pisadas sobre la alfombra. Entonces, mi mirada dió con un cuerpo delgado mucho más bajo que el mío. Estaba de espaldas por lo que pude notar cómo las puntas onduladas de su largo cabello n***o rozaban su estrecha cintura. Aclaré mi garganta y, cuándo se volvió hacia mí, sus grandes ojos azules atraparon los míos. Fué inevitable no sentir lo que provocaba una mirada como la suya, como las olas salvajes del mar chocando contra un acantilado. Sus perfectas cejas negras se fruncieron ligeramente, mirándome confundida. —¿Profesor Blackwell? Le tendí su libro. —Lo olvidó sobre su escritorio. Ella lo tomó y su boca se abrió como si apenas se diera cuenta. —Oh, no me dí cuenta—. Lo guardó dentro de su bolso—. ¿No era más sencillo dejarlo en secretaría? No se hubiera molestado. —Escuché que estaría en la biblioteca y cómo debía pasar también solo… decidí traerlo. —¿Cómo sabía qué estaría aquí? —inclinó su rostro de facciones delicadas ligeramente a un lado—. ¿Estaba usted espiándome, profesor Blackwell? Se cruzó de brazos. —Esa es una acusación absurda, señorita Van der Wedden. Aún ante mi expresión seria sus facciones se relajaron y una pequeña sonrisa curvó su boca, fué entonces que noté que solo bromeaba. —Entonces siento haber tenido una idea equivocada de usted, profesor. En medio del aroma a libros y madera pude percibir algo más, un aroma suave y agradable, era una fragancia de vainilla y sabía de dónde provenía. Metí mi mano libre dentro del bolsillo de mi pantalón. —Un gracias sería suficiente. Su sonrisa se extendió, dejando relucir una hilera de perfectos dientes. El gesto pareció iluminar su pequeño rostro en un encanto genuino. —Gracias, profesor Blackwell —pasó por mi lado—. Hasta luego. —La veré en clase. Asintió, dándome una última mirada antes de perderse por uno de los pasillos de libros. Las perfectas ondas de su cabello oscuro se mecían sutilmente con el andar de sus largas piernas mientras se alejaba y pasé la mano por mi cabello dándome la vuelta y caminando en la dirección contraria. Saqué mi móvil del bolsillo de mi pantalón y le marqué a James, un viejo amigo de la universidad que también era profesor en Worthington, la semana estaba terminando y realmente necesitaba un trago.
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