Capítulo dos.

1075 Palabras
Marcus Continuó su travesía adentrándose al corazón del bosque donde tenía su cabaña, aquel lugar era su santuario, un sitio donde podía ser libre de las ataduras que implicaba la gran responsabilidad que tenía sobre sus hombros como líder de los licántropos. sabía qué sus acciones podrían traer graves consecuencias, pero en ese momento no quería pensar, necesitaba dejarse llevar por esa abrumadora sensación que le provocaba la proximidad de aquella encantadora joven, que a pesar de pertenecer al bando enemigo, había despertado en el lo que ninguna chica de su r**a había conseguido. Durante siglos, los licántropos y los vampiros habían estado en guerra, y era consciente de qué si alguno de los suyos caía en manos de los vampiros, ellos serían implacables, no obstante, la dulzura de aquella joven indefensa lo cautivaba de una manera descomunal, por lo que hizo a un lado sus pensamientos y siguió avanzando hasta perderse en el denso bosque. Abrió la puerta de la cabaña, y llevó a Angela directamente a la habitación, depositándola suavemente sobre la cama, cerciorándose de qué la habitación quedara completamente aislada, cubriendo cada resquicio para evitar que la luz pudiese seguir afectando a la chica. Poco a poco, la fue despojando de su ropa, y con total delicadeza comenzó a limpiar sus heridas y después le colocó un bálsamo relajante para atenuar el dolor y que así la chica pudiese recuperarse con mayor facilidad. El contacto con su hermosa piel, semejante a una muñeca de porcelana, lo hizo estremecer, sentía como una corriente eléctrica lo recorría de pies a cabeza, y por un momento estuvo a punto de perder el autocontrol y dejar salir sus instintos más primitivos. Contemplar su cuerpo era sublime, y el aroma que emanaba de ella resultaba embriagador, por lo que el rey alfa respiró profundamente tratando de llenar de aire sus pulmones, haciendo acopio de las últimas fuerzas que le quedaban para lograr contenerse. Estaba absorto en sus pensamientos cuando un leve movimiento lo sacó de su estupor, Marcus se sobresaltó, pero cuando sus miradas se entrelazaron todo pensamiento racional desapareció. En la habitación se respiraba una atmósfera electrizante, producto del magnetismo que se producía entre esos dos seres tan diferentes que por cuestiones del destino habían coincidido debido a la fatalidad. “No temas, estarás bien, muy pronto el dolor desaparecerá y tus heridas sanarán“ dijo Marcus con total seguridad. “El sol me quemaba, yo trataba de resguardarme, pero no pude hacerlo“ trataba de explicar la chica con un hilo de voz. “Estás bien ahora, no te esfuerces, por el momento trata de descansar“ le indicó él mientras le acariciaba el cabello. Ella esbozó una tenue sonrisa y tomó su mano para llevarla a los labios en señal de agradecimiento, gesto que no le resultó para nada indiferente a Marcus. Las horas pasaban y la noticia de qué la princesa Angela había desaparecido comenzó a esparcirse por todo el clan de los vampiros, por lo que Bruno, el prometido qué el rey había elegido para casarse con su hija no tardó en aparecer, mostrando una preocupación que por supuesto no sentía. “Su majestad, el conde Bruno ha venido a verlo“ informa uno de los consejeros. “Maldita sea, la noticia debió haberse regado como pólvora“ espetó el monarca preso de la ira. “Dile que pase, lo recibiré en un momento“ le indicó al hombre que se marchó presuroso para cumplir sus órdenes. No pasó mucho tiempo para cuando Bruno ingresara en el salón, donde ya lo esperaba su futuro suegro a quien saludó con una reverencia. “Su alteza, la noticia me ha consternado y quiero poner a su disposición todos los guardias y criados de los que dispongo para que se unan a la búsqueda de la princesa“ ofrece Bruno tratando de congraciarse con Elliot. “Te lo agradezco, hijo, no esperaba menos de ti“ contestó el con una falsa preocupación en el rostro. “¿Tiene idea de qué pudo haber sucedido su majestad?“ Preguntó Bruno tratando de averiguar acerca de lo sucedido. La pregunta tomó por sorpresa a Eliot, sabía perfectamente lo que había pasado, su hija estaba teniendo un ataque de rebeldía, por lo que seguramente se había escapado para ejercer presión y así no tener que casarse con Bruno tal como él se lo había impuesto, pero no podía reconocerlo, hacerlo sería mostrar signos de debilidad, y eso para nada podía permitírselo, así que resultaba preciso idear una estrategia para salir del problema. Eliot era un ser sin escrúpulos, por lo qué un siniestro Plan asomó a su mente. “Me temo que mi hija, mi preciosa hija, ha sido secuestrada“ mintió él para salvar la situación. “¿Pero quien podría atreverse a cometer semejante osadía?“ Inquirió Bruno. “Los únicos que podrían atreverse a algo semejante son esos salvajes, me refiero a los licántropos siempre han querido apoderarse de mi reino, y saben lo valiosa que es mi hija para mí y para mis súbditos, por lo que no dudo qué se hayan valido de eso para cometer semejante atrocidad“ le explica con un tono de voz bastante convincente. Las palabras del rey Eliot despertaron la furia de Bruno, quien de inmediato puso en antecedente al clan, la furia que sentía no era porque Ángela le importara en absoluto, sino por la oportunidad que perdería si algo le sucediera a la joven princesa, se había prometido convertirse en el próximo gobernante de su r**a al precio que fuera, y no pensaba permitir que los licántropos pudieran arrebatarle la posibilidad por la que tanto había luchado y que estaba apunto de concretar. El rumor de la desaparición de la princesa seguía esparciéndose por todos lados, muy pronto, el rey Elliot reuniría a la corte para comunicarles su decisión, esta era una magnífica oportunidad para el malvado rey de acabar con la r**a de los hombres lobo y así poder apoderarse de las enormes riquezas que poseían, no obstante, sabía que aquella no sería una tarea nada sencilla, puesto que el poder y la gallardía de Marcus, el rey alfa del bando enemigo era perfectamente conocido, pues a pesar de haber asumido el liderazgo hacía poco tiempo, su fama y poderío se habían extendido a todos los confines del planeta, por lo que aquella batalla sería una guerra campal, donde sólo la r**a más fuerte prevalecería.
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