Marcus sentía como las dudas se apoderaban de él, resultaba muy extraño que el ataque a su gente por parte de los vampiros se hubiese dado justo el día en el que él encontró aquella chica, ¿pero no podía ser posible?, ella no podía ser capaz de prestarse a un plan tan siniestro, porque si fuera así, entonces él tendría que vengarse de ella y de su gente sin importar lo que estuviese sintiendo por ella.
–¿Dónde está Max? – les preguntó el rey alfa con evidente preocupación.
–Él y sus hombres vienen para acá, mi señor, por lo pronto lograron repeler el ataque, pero esto es sólo el principio de lo que nos espera – anunció uno de los guardias.
– Esos vampiros decían que nosotros teníamos a la princesa, pero lo más probable es que todo lo hayan inventado para justificar sus atrocidades – decía otro de ellos.
– ¿Cómo que la princesa de los vampiros desapareció?, ¿Y por qué piensan que la tenemos nosotros? – Interrogó Marcus tratando de organizar las ideas en su mente.
– Parece que encontraron a una de las doncellas desangrada en los límites de nuestro territorio, luego un grupo de vampiros armados hasta los dientes aparecieron y empezaron a atacar a los nuestros – relató uno de los oficiales.
– No puedo quedarme aquí sin hacer nada, voy al encuentro de Max y a averiguar lo que está pasando – informó decidido.
El rey alfa salió a toda velocidad, su cuerpo quería llegar hasta el lugar de los hechos, pero su mente sólo podía pensar en esa terrible posibilidad de qué la chica le hubiese estado mintiendo todo ese tiempo, y que en lugar de tratarse de una vampira común, su verdadera identidad fuera la de la princesa. Eso sería terrible, y aún cuando él también le había mentido, los hechos habían sido completamente diferentes, él mintió porque quería que ella lo viera como alguien a quien podía amar y no como el rey del bando enemigo, en cambio ella, si se había atrevido a mentirle, seguro era porque formaba parte de esa asquerosa estratagema urdida por los vampiros, y si fuera así, jamás podría perdonárselo y le haría pagar muy caro el haberse prestado a ese sucio juego con el que pretendían eliminar a los licántropos. Las zancadas de Marcus resonaban en la quietud del espeso bosque, no podía dejar de pensar en aquella mujer que lo había hechizado, parecía tan dulce, tan indefensa, que el solo hecho de imaginar que pudiera ser una traidora le provocaba un dolor insoportable. Estaba tan perdido en sus pensamientos que fue hasta que escuchó los pasos de sus hombres que venían de regreso, así como el sonido de las armaduras que salió de su estupor.
–Marcus, esos desgraciados nos han declarado la guerra, alegan que tenemos a su princesa, pero por supuesto que eso no es verdad, además dicen que asesinamos a una de las doncellas, lo cual es una asquerosa mentira – le informó su beta.
Los rostros de los guerreros parecían desencajados, por lo que el rey alfa intuyó qué más noticias desafortunadas le faltaban por saber.
– Cuál es el nombre de la princesa de los vampiros? – preguntó Marcus tratando de averiguar si se trataba de la misma joven.
–La princesa se llama Angela, y la doncella desangrada en los límites de nuestro territorio se llamaba Elisa—le informó Max.
Marcus sentía que el corazón se le rompía en mil pedazos, su gente no cometía errores, y sus investigaciones le estaban arrojando la prueba que necesitaba para descubrir que todo ese tiempo, Angela se estuvo burlando de él, haciéndose pasar por una de sus doncellas, y lo peor es que no le había importado que la sacrificaran con tal de ayudar al despreciable rey de los vampiros a cumplir con el cometido de exterminarlos.
–¿Estás seguro de qué la doncella se llamaba Elisa y que fue ella quien murió desangrada? – Interrogó el rey alfa todavía con la esperanza de qué se tratara de un malentendido.
–No existe ninguna duda, mira, esta es la fotografía de la princesa Angela y aquí también aparece Elisa, la doncella que estoy seguro fue sacrificada para darle la prueba al consejo de los vampiros para que pudieran atacarnos – le dijo.
El joven beta sacó un sobre y se lo tendió, dejando a Marcus estupefacto con el hallazgo que acababa de descubrir, se trataba de la misma persona, ella no se llamaba Elisa, sino Angela, y era la princesa del bando enemigo, quien seguramente estuvo todo el tiempo confabulada con su padre para engañarlo y aprovechar que él no estaba cerca para enfrentarlos en el ataque.
–Lamentablemente no es la única mala noticia que tengo que darte, amigo, no sé cómo pasó, pero en el combate Jason apareció, supongo que quería demostrarte que él también podía ser un valioso Guerrero, aún cuando todos sabemos que nunca había desarrollado las habilidades necesarias – relató Max con lágrimas en los ojos.
El rey alfa apretaba los puños y sus ojos estaban inyectados en sangre por la furia que llevaba acumulada en su interior.
–¿Qué me estás queriendo decir?, ¿Dime por favor que Jason está bien? – Inquirió con un gran dolor en el corazón.
–No, Marcus, lamentablemente las balas de plata lo alcanzaron y terminaron con su vida, sus últimas palabras fueron para ti, me pidió que nunca te dejara solo y que siempre nos mantuviéramos unidos y que no guardaras rencor en tu corazón – le contó Max con la voz quebrada por el llanto.
Un grito desgarrador se escuchó en el ambiente, Jason había sido como un hermano para Marcus al igual que Max, los tres habían sido inseparables, pero Jason siempre fue tan enfermizo, tan vulnerable, por eso nunca pudo practicar las artes de la guerra, pero ellos le habían dado un propósito, los ayudaba con las estrategias y la planificación en el reino, de esa manera lo hacían sentir importante, no obstante, eso nunca fue suficiente, Jason le hubiese gustado acompañarlos en las campañas contra los enemigos y de alguna forma siempre se sintió frustrado por no poder hacerlo. Marcus se dio la vuelta y avanzó a toda velocidad hacia el castillo, en ese momento sentía que se moría debido al dolor tan insoportable que estaba experimentando, no sólo había perdido a su gran amigo, sino también a la mujer que le había robado el corazón, la cual no era más que una desalmada a quien no le importaba lo que tuviera que sacrificar con tal de salirse con la suya. Pero él le haría pagar muy cara su osadía, se encargaría de hacer su vida realmente miserable, sus hombres trataban de seguirle el paso, pero no hubo forma de qué lo alcanzaron.
Llegó al camino que lo llevaría hasta la puerta secreta de la habitación oculta en el castillo donde había dejado a Angela, esperaba que no se le hubiera ocurrido escapar porque de ser así se encargaría de buscarla en cada rincón hasta encontrarla. Su venganza estaba apunto de comenzar y no pensaba detenerse hasta conseguir su objetivo. En tanto, Angela tenía un extraño presentimiento, sentía que las cosas estaban apunto de cambiar y no precisamente para bien, a ella no le importaba tener que enfrentarse a los suyos con tal de realizar su gran amor por ese hombre que había conquistado su corazón a pesar de pertenecer a la r**a a la que tanto habían odiado durante siglos. Estaba perdida en sus pensamientos cuando un fuerte golpe en la puerta la sobresaltó, y no podía dar crédito a lo que veía cuando sus ojos se posaron en la figura imponente de Marcus, pero en su rostro no se percibía esa gentileza y esa bondad que tanto la había cautivado, sino que sus ojos estaban inyectados en sangre y parecía furioso, la miraba como si quisiera matarla y eso le provocó un escalofrío por todo su cuerpo.
–Max, ¿está todo bien? – Preguntó ella con un hilo de voz.
–No me llames así, porque estoy seguro que sabes perfectamente quién soy, de nada te sirve continuar con esa absurda farsa, Angela – espetó el rey alfa con voz de trueno.
Al escuchar su nombre en los labios de Marcus, Angela sintió que el mundo se derrumbaba sobre ella, ¿qué había querido decir con que no lo llamara con el nombre de Max?, ¿Acaso él le había mentido también con respecto a su identidad?, No podía ser, ese momento tenía que tratarse de una absurda pesadilla, porque de lo contrario, ese licántropo del que se había enamorado sólo se estuvo burlando de ella, no obstante, necesitaba ser fuerte, mantener el poco autocontrol que le quedaba y respirar profundo para tratar de enfrentarlo y aclarar lo que realmente estaba sucediendo.
–No entiendo de qué estás hablando, yo sólo sé lo que tú me haz dicho, que te llamas Max, pero si dices que ese no es tu nombre, entonces no sé qué es lo que está pasando – expresó con voz trémula.
Él se acercó a ella y la tomó bruscamente por los hombros, mirándola con una frialdad que le heló los huesos.
–¿Y me vas a decir que tampoco te llamas Angela?, ¿Que también eso es una mentira? – la increpó.
En ese momento, Angela entendió que se había quedado sin salida, que la mentira había salido a la luz y que era necesario contarle todo lo que había sucedido para disipar los malos entendidos.
–Es verdad, mi nombre es Angela, soy la princesa de los vampiros, pero no quise decírtelo porque me daba miedo que fueras a rechazarme al conocer mi verdadero origen – dijo la joven con lágrimas en los ojos.
–Deja de mentir, no vas a volver a engañarme con esa pose de víctima, todo este tiempo estuviste confabulada con tu maldita gente para distraerme y aprovechar mi ausencia para poder atacarnos, pero te juro que tu engaño te va a costar muy caro, voy a hacer de tu vida un verdadero infierno, Angela – gruñó Marcus al tiempo que la miraba con un odio profundo.