Las dudas sobre la promesa que le había hecho a Damián pesaban como una losa sobre la espalda de Ángela. A pesar de haber accedido a convertirse en un híbrido, sabía que esa decisión cambiaría su vida para siempre. Pero no había marcha atrás, pues no pensaba vivir eternamente bajo la condición de esclava mientras los vampiros y licántropos se destruían unos a otros, todo por la ambición desmedida de su malvado padre y el rencor mal infundado de Marcus. Llegó el momento de retomar sus labores en la cocina, al menos en ese lugar sentía una tranquilidad que, aunque momentánea, le daba las fuerzas para seguir adelante en ese tormento en el que se había convertido su vida. —Ángela, me alegra ver que te encuentras mucho mejor —le dijo la joven Loba que se había convertido en su amiga desde el

