Si de algo estaba segura Solange en ese momento, era de que estaba metida en un buen lío y no era culpable de nada. Tan solo había tenido una relación con su jardinero de aquel entonces y un año más tarde se había vuelto una persona famosa, confesando su amor en plena ceremonia de su boda, y a pesar de su metida de pata, había hecho lo posible por ocultar su identidad. Sin embargo, ahí estaba de nueva cuenta Jovanna con su estúpida manera de actuar. Y encima doña amargada interviniendo en asuntos que no eran de su incumbencia. — Dile a doña amargada que digo que me deje en paz —dijo Solange— lo que menos quiero ahora es que mi suegra metiche vengas con sus argumentos con su doble moral torcida. María por favor avísame cuando mi marido llegue a casa. Hay un asunto importante del que me

