Maritza. Acaricio a Scarlett por dentro, entro y salgo con suavidad, una y otra vez, hasta que la escucho gemir suavemente. Me pregunto si podrá con dos. Saco mi dedo ignorando sus incomodidades y escupo el índice y el anular, entro suavemente. Scarlett grita. —¡Ah! ¡Ama! —Gimotea. —No te he dado permiso para hablar. Escucho un ruidito. —¿Quieres más verdad? —Me carcajeo burlona. —Recuerda que no puedes acabar —murmuro amenazante. Saco mis dedos, tomo un pequeño artefacto ovalado y lo sumerjo en su interior. Gimotea seguramente pensando que son mis dedos. Cuando la hago moverse, su expresión bajo la venda es de pura sorpresa. Fue todo un acierto traerla hasta aquí. Scarlett Se que no debo preguntar… pero qué carajos tengo dentro de mí, pienso cuando me deja en el suelo. S

