Parecía un perro caminando tras ella, aunque no me disgustaba ver su figura, no sabía si lo hacía a posta pero caminaba contorneando muy sensualmente su cadera. —¿Qué te parece esta blusa?—prenguntó mostrando una prenda con un escote muy abierto —Le quedaría genial, el color le favorece—no sabía una mierda pero seguro le gustara escuchar eso, aunque con esos pechos no dudo que le quede mal. —Sí, todo me queda bien. Toma—me lanzó la blusa por suerte logré agarrarla, tenía muchas cosas que llevaba en mis brazos. Me estaban pareciendo las horas más eternas de mi vida, hasta que por fin decidió que era hora de terminar. —Creo que es suficiente—admitió —Bueno, señorita. Llevaré sus prendas a empacar—pensé retirarme hasta que la escuché hablar. —No vas a ningún lado, aún falta que me prue

