En los años como psicóloga clínica he escuchado muchas historias que a veces han llegado a ser hasta bizarras, pero de las cuales no puedo juzgar porque ese no es mi trabajo, sin embargo, todo esto cambio cuando conocí a Gabriela, una joven que tenía una adicción al sexo “ninfómana” en pocas palabras. Era un suplicio cada vez que llegaba a sus citas conmigo, no veía mejoraría, recaía y nuestras reuniones sentía que solo le servían de desahogo; me relataba punto por punto todo lo que hacía con sus ligues. Mientras pasaban los meses mi atracción hacia ella aumentaba, las sesiones terminaban con mis bragas totalmente mojadas, cada puta historia eran un deleite para mis oídos y sentía que yo no estaba haciendo nada por ayudarla, me había vuelto una adicta de sus relatos mi mente imaginaba est

