¡Dios ! tengo mucha hambre. ¿Qué no piensas salir de tu oficina o qué? necesito comer algo, muero de hambre, mi pobre pancita esta triste… recuerdos invaden mi mente. -Pancita triste- hago pucherito -Pancita con hambre? – -ajam- -ya te traigo algo- se va y regresa con un sándwich. -gracias, eres un amor- le hago ojitos. -todo por consentir a mi pequeña monga- sonríe. Recuerdos de cuando mongo me consentía cada que le decir “pancita triste”, lo he evitado, lo extraño, pero no puedo decirle que estoy metida otra vez en este tipo de cosas. > ¡tic! -señorita Jung, ¿mi almuerzo? – El sonido de sus nudillos golpear mi escritorio hace que, de un pequeño brinco en mi asiento, ¿acaso también tengo que atender su estómago? ¿me lo dijeron, pero me abre olvidado? -en cinco minutos q

