Al día siguiente a primera hora de la mañana, totalmente decidido a poner distancia entre ella y yo, así como de toda tentación que me lleve a buscarla, aun ni siquiera habían salido los rayos del sol, cuando ya estaba montado en mi avión. Como si estuviera pisando sobre carbón ardiente, sentí la urgencia de salir corriendo de este país. No dormí en toda la noche pensando en lo que descubrí de Camelia. En como me pude dejar engañar por un informe. Afortunadamente el resultado no hacía referencia a una enfermedad mortal, crónica, de esas que confunden la mente llevando a quien dice padecerla a tomar medidas extremas u ocasionar la muerte de solo conocer el contenido de dicho informe, sino seguro se hubiera desencadenado una tragedia. Sentado aquí, analizo mejor esta situación. “No, si su

