Nicoletta y Sloan cabalgaban a orillas del lago Nant. Hacia tiempo que el highlander no disfrutaba tanto de un paseo a caballo, la italiana era una de pocas personas capaces de seguirle el ritmo. Ella sentía una paz que hacía tiempo que la había abandonado, los parajes tranquilos de las highlands le devolvía una serenidad casi olvidada. -¿Cuándo nos reencontraremos con el resto del grupo?-preguntó Nicci en un momento dado. -Terminaremos de rodear el lago hasta encontrar el mismo camino que discurríamos. Si no los encontramos cuando lleguemos hasta allí seguiremos hasta Oban, el lugar donde haremos noche y tomaremos un barco hasta Isla Mull. Mi padre siempre visita la misma posada en esa ciudad. Encontraron de nuevo el camino que debían discurrir hasta Oban pero este no tenía rastro algu

