Sabia que Eduardo buscaría la manera de encontrar al responsable o a la responsable, porque a estas alturas del partido meter las manos al fuego era válido. Lo vi en rostro… Como de un momento a otro se rompió y las lágrimas salieron de sus ojos, fue por eso que corrí y lo abracé… y por primera vez se aferró a mi como si todo dependiera de mí. Lo deje llorar, lo deje abrazarme hasta que mi respiración se volviera pesada, pero de verdad en esos momentos nada me importaba porque el dolor de perder a tus padres es incomparable con ningún otro. —Sabes que te apoyo en esto Eduardo; sin importar lo anterior y nuestra situación te apoyare. Soy tu esposa y los dos encontraremos la solución. Los primeros minutos se mantuvo en silencio, pero después agradeció mi apoyo. —¿Se lo dirás a tu hermana

