Eran ya las nueve de la noche y Mely fue camino hasta el club nocturno, siguiendo la dirección que le dio la página web para averiguar si su madre estaba allí. Mientras que Irina en el club, se sentía muy cansada como para bailar, ya que, según ella, iba a aprovechar para tener ese día para descansar pero sus planes no resultaron como ella se lo esperaba. Entonces, lo que hizo fue tomarse una bebida energizante y luego procedió a bailarle a varios caballeros para así ganar propinas. En eso, un hombre regordete, bajito, calvo, sudado, con cara de pervertido, de esos que son desagradables a la vista con tan solo verlo por un segundo, se le acercó a la pelinegra, quien estaba en el bar buscando una botella para algunos clientes, e invadiendo su espacio personal le dijo: —¡Oye, quiero que me

