Capitulo 40 Mi gesto de urgencia desaparece en cuanto veo a Santorell caminando hacia nosotras, el sonido de sus pasos firmes entre la grava se escucha más cerca hasta colocarse frente a nuestros ojos, el sigue con su pose firme y sus manos metidas en los bolsillos, mientras que Gladis aprieta su mandil con fuerza. En cuanto a mi siento como un calor sofocante me invade desde adentro de mi cuerpo, en ese momento solo le puedo suplicar a Dios que Alfredo no nos haya escuchado, de reojo veo la figura imponente y alta de Santorell esperando una respuesta, por lo que procedo a Carraspear la garganta volteando hacia él a quien los reflejos del sol acarician. — ¿De verdad quieres saberlo? —cuestiono seria y segura. —Claro—me mira fijamente. Tengo la certeza de que mis hombros tensos y la r

