Una mirada aterrorizada por parte de quien me crio con mano dura se podia vislumbrar. Con agilidad tomaba el bate como si fuese una espada de esgrima apuntándolo mientras este solo se alejaba lentamente, los contribuyentes ya habían huido de aquella escena dejándonos solamente a Braulio y a mí. Ellos huyeron hacia adentro de la recepción del campo de golf, pero mi atención estaba completamente en Braulio. —¿Dónde está mi hijo? —No se dé que hablas lunática. Mi ojo derecho comenzaba a temblar por la ira combinado por el estrés que esa situación me estaba engendrado en esos momentos. —Respuesta equivocada ¿Tu crees que podrás volver a caminar si te rompo las piernas? —deje mostrar mi más psicópata sonrisa. ¿Estaba enloqueciendo por mi hijo? Muy probablemente. Perder una criatura por la

