Magnus Rossi. La noche fue de ella. De su piel, de su aroma, de su vientre que ahora guardaba lo que más voy a amar en esta vida. Hicimos el amor como si el mundo fuera a acabarse. Sin apuro, sin medida. La besé como si pudiera salvarme de todo, y juro por Dios que me salvó. ¡Que puto cuerpo tan delicioso! Su interior me recibe tan bien... succiona mi polla como si quisiera arrancarla ahhh. Se durmió en mis brazos después, con la respiración templada en mi pecho y su cuerpo aún tembloroso. Yo no pude dormir de inmediato. Me quedé mirándola un rato más. Tocándola. Grabándome el recuerdo de esa noche en la memoria, como una promesa que no pienso romper. Pero eventualmente el sueño me venció, y por primera vez en semanas, descansé de verdad. Hasta que la jodida realidad volvió a tocar

