Pasaron un par de días desde que Sara descubrió lo que sus ojos no lograban digerir. Pero en casa, Bella seguía como siempre: discreta, amable, distante. Se encerraba en su habitación, evitaba los conflictos, y salía cada mañana con la misma rutina de siempre. Como si nada hubiese cambiado. Pero todo había cambiado. Ese día, Bella no tenía libre en realidad. Pero lo había cambiado con una compañera del trabajo. Lo hizo en silencio, sin consultar con nadie. Si su madre llegaba a enterarse, se armaría un escándalo. Porque en esa casa, Bella no podía vestirse como quisiera, no podía usar perfume sin que le dijeran que "eso no era para una señorita decente", no podía pintarse las uñas ni arreglarse el cabello. Su mundo estaba limitado por los ojos vigilantes de su madre, que la querían tími

