La familia de Bella siempre había sido rigurosa en cuanto a las apariencias. Las mujeres debían ser esbeltas, educadas, discretas y silenciosas. Pero Bella... Bella nació distinta. No porque quisiera serlo, sino porque su cuerpo decidió hablar en un idioma que su familia nunca quiso comprender. Desde pequeña, su madre, Antonieta, la obligaba a caminar durante horas por el jardín de la finca familiar, convencida de que el movimiento forzado haría desaparecer "el problema". Lo llamaban así, el problema. Nunca fue un nombre, una condición, ni una explicación. Solo el problema. La realidad era más compleja. Bella sufría desde niña de obesidad temprana, acentuada con los años por un diagnóstico silencioso que llegó ya en su juventud: síndrome de ovarios poliquísticos (SOP). Una condición que n

