Christopher Los nervios estaban a flor de piel, mi vida había dado un giro de 180 grados desde el día de esa videollamada. Ya había pasado un año desde que había decidido cambiar mi vida y literalmente perseguir mi sueño. Era increíble pensar en todo lo que había sucedido desde entonces. Ese día, después de cortar con Andrea y sus estudiantes, me levanté de frente a la computadora con el corazón palpitando de emoción y ansiedad. Sentí un impulso irrefrenable, una necesidad de actuar, de no dejar pasar la oportunidad que se me presentaba. Fui a mi habitación con pasos decididos, cada paso resonando en mi mente como un tambor de guerra. Abrí el armario y comencé a sacar ropa, arrojándola en mi valija sin mucho pensar. Camisas, pantalones, zapatos... todo entraba en la maleta sin orden
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