2. Melancolía

2994 Palabras
Despertar y sentir que, todo lo que has hecho es un círculo en el cual te siente envuelta, consumida y limitada, es difícil porque no es lo que esperabas. Ingresé en un mundo desconocido y anhelado por muchos años, mundo que me lleno de satisfacción, esperanza e incertidumbre. Caminé un sendero del cual sentí perder el rumbo, uno que se vio frustrado al recibir comentarios positivos de lo que es tu trabajo, pero que sin duda te creo ese miedo de perder la esencia por la cual iniciaste tu camino. Hoy desperté con otra manera de pensar y aunque solo necesite de tres días para despejar y aislar mis miedos, no puedo asegurar que no se han de presentar nuevamente. ─Disculpe ─dice un señor, lo observo y sonrío para indicarle que puede continuar ─, ¿de casualidad sabe si acá pasa un bus que sirva para el norte? ─¿Hacia que parte del norte va? ─pregunto para poder darle una respuesta concreta. Toma un papelito que lleva en el bolsillo de su chaqueta y dice: ─Av. 19 con 146 ─me observa con cara de no saber exactamente hacia donde se dirige. ─Si, en este paradero pasa un bus que le sirve, pero le toca hacer trasbordo ─me observa con mucha confusión ─de hecho, esa es mi ruta. ─completo para darle un poco de tranquilidad. Se lo que es estar perdido y no tener ni puerca idea a donde se va, más porque las direcciones en esta ciudad son un completo caos, por lo menos para mí que solo sé que, el norte se ubica de acuerdo a mi perspectiva y no a las condenadas.   ─Señorita, será que me puede guiar, es que no soy de esta ciudad y estoy algo perdido. ─Si claro ─le indico. Luego de un par de minutos con un movimiento de mano le hago el pare a la primera de las rutas que debemos tomar. ─vamos ─le digo al señor que esta algo distraído. Sonríe y sube después de mí, pero no pasa la registradora. ─Señor marque su pasaje, nosotros no recibimos dinero ─le dice el conductor al ver que el señor le pasa un billete para cancelar por el servicio. ─Siga ─le digo pagando su pasaje. ─Gracias señorita, no sabía que debía tener una tarjeta. Es que llevo mucho tiempo sin venir y la verdad olvide que ya por poco y el transporte tradicional es nulo, por suerte aún hay personas de gran corazón como usted. ─Gracias ─contesto con algo de vergüenza. ─¿Qué le debo del pasaje? ─No se preocupe ─Pese a la insistencia por querer pagarme el pasaje, no lo acepté. El señor se ubica en una silla y me observa con duda ─, yo le aviso cuando debamos bajarnos. ─sonríe con tranquilidad y se acomoda sin perderme de vista. ─Gracias ─digo al señor que me da permiso para ocupar la silla vacía que me deja justo donde deseaba. Ver tras la ventana es una sensación que disfruto y que me permite imaginar lo que piensan, sienten o anhelan, las personas que observo. ─¡Super! Felicidades ─habla fuerte el señor a mi lado ─que pena, es que mi hija me dio una gran noticia ─me aclara ante mi cara de pocos amigos por el susto que me pego. ─, que pena, en verdad siento el haberla asustado, es solo que mi hija lleva intentado ingresar a una empresa y hoy después de mucho insistir, pues lo logro. ─Entiendo. ─Es ella ─me enseña una fotografía. Me cuenta un poco sobre su vida, su hija y la gran esposa que tiene; su historia me conmueve y logra quitar esos miedos que se tejen en mi mente, por lo menos por un corto trayecto. ─Es aquí ─le informo al señor que, en cada parada del bus me observaba creyendo que en algún momento me bajaría y lo abandonaría. Me sigue, esperamos en el próximo paradero y como la tarde no es tan generosa, la lluvia nos alcanza, por suerte siempre llevo mi paraguas y con él nos cubrimos. ─Señorita, es usted un ángel ─un sonido de burla sale de mi boca ante sus palabras. ─Lo siento, es solo que nunca me había llamado así ─le comunico con algo de vergüenza. ─Pero créame que lo es, por lo menos hoy lo ha sido para mí. ─subimos al siguiente bus ubicándonos esta vez juntos. ─¿¡Disculpe!? ─digo retirándome uno de los audífonos para poder escuchar lo que sea que el señor tiene para decirme. ─Le preguntaba el motivo de su mirada. ─¿Mi mirada? ─cuestiono confundida. ─Quizá me tome como un loco, pero siento cuando el aura de una persona esta impregnando de miedo y de duda y, eso es precisamente lo que su mirada transmite. Pero ─calla ─No lo tomo como loco, pero es loco lo que me acaba de decir. ─agrego con intriga. ─Tengo la mala costumbre de meterme donde no me llaman. ─Creo que hay momentos en lo que llegar, es mejor que ser invitado ─hablo con expectativa de lo que él pueda o no adivinar de mi estado emocional actual. ─Señorita, ─Mariana, mi nombre es Mariana. ─Un placer Mariana, mi nombre es Carlos. Mariana, ¿a qué le temes? ─Ummm, ─rio sarcástica, cubro mis ojos sintiendo como estos se cristalizan, se cristalizan porque es una de las preguntas que he tratado de descifrar y que no he podido hacerlo, esquivo la mirada y digo: ─A ser enfrascada por algo que hice y dejarme llevar por un sendero que no quiero. ─¿Sabes porque muchos de los grandes artistas o famosos fracasan? ─No sé a qué viene eso, pero la verdad no tengo idea. ─contesto con molestia. Odio que me pongan en una situación que empeora mi estado de ánimo. ─Vera Mariana, ser famoso por una sola obra, por un solo disco o por cualquier hazaña que te llevo al éxito, no es la base para mantenerte en él, pero ser persistente y no temer a lo desconocido sí. No se es autor de un solo capitulo, se es autor de toda una vida y ser o no el centro de atención, no debe ser el objetivo principal en la vida de nadie, pero lo que sí, es disfrutar lo que se hace, no por fama, no por dinero, no por triunfo, más por placer, ese que solo se siente al no depender de nadie para ser feliz… Perdón si la molesto con mis palabras, es solo que quise retribuir en algo su ayuda y veo que está metida en un mundo algo complejo. ─¿Por qué lo dice? ─No todos ven tras la ventana, sonríen, niegan y luego suspiran con pesadez, esa que refleja la encrucijada en la que se está ─escuché atenta todo lo que Carlos me dijo, pero siempre consciente de que, por más palabra de aliento, solo en mi estaba la respuesta a tantas preguntas que inundan mi mente ante mis propios miedos. ─Pero tranquila, Nabi. ─frunzo mi ceño ─ese ese su perfil y ese su seudónimo, ¿verdad? ─no emito gesto alguno y creo que eso lo hizo continuar ─, de no ser así, no lo abriría, no observaría y no ─Dudaría ─completo dándole la respuesta que el buscaba. Es una suerte que, este señor sea de poco uso de las r************* , de lo contario sabría con exactitud, quien soy. ─¿Cuál es su duda? ─Creo que nunca se me había hecho tan eterno el viaje ─comento con una sonrisa melancólica ─, pero agradable. En verdad ni yo sé ─contesto con una elevación de hombros y sin retirar mi mirada de mi perfil en la pantalla de mi celular y con la intención de pausar mi contenido ─, pero creo que dudo ante la idea de dejar de hacer lo que me gusta, así como en congelar todo y dar ese paso que me indica que dejé de amar lo que hago y que simplemente me rendí. ─suspiro tomando las fuerzas para hablar con alguien que en la vida había visto, pero que sin duda me descifró sin mucho esfuerzo ─¿Sabe? No es fácil dejar que la tristeza se adueñe de tu ser tan fácilmente y eso sucedió porque me deje llevar por las ganas de ser popular ante un mundo que ni sabe que existo, pero en el cual la popularidad es la base para no ser invisible. ─Entonces vuélvete visible, se Mariana y no Nabi. ─agrega con un gesto casual. ─No estoy lista para eso, Nabi es parte de mí y no la guardaré en un cajón solo por el miedo de no conseguir fama en una plataforma o de ser quien soy a través de ella. ─Esa es tu respuesta, solo que no sabias como descubrirla. ─¿Cómo?, ¿Cuál respuesta? ─Esa de congelar o no tus publicaciones o tu contendido, esa de abandonar o no lo que haces, esa que es la consecuencia de tu miedo, de tu tristeza y de tus dudas. Nabi es tu fortaleza, es esa parte de tu ser y congelarla, bloquearla o abandonarla, no es la intención; solo muestra que, detenerte no es una opción, que rendirte no es el camino, pero seguir sin importar los resultados o las manitos levantadas ante tus publicaciones si, así que no te rindas, no desaparezcas, no te destruyas. ─Creo que en la siguiente parada se debe quedar ─le indico sin reflejar el pesar que siento ante el final de su compañía. ─Gracias nuevamente y solo espero que siga adelante con sus publicaciones, porque a partir de hoy, tiene un nuevo seguidor. ─sonrío sin retirar mi mirada de su espalda que se pierde en el cierre de las puertas. Agito mi mano en señal de despedida, una que me dejo mucho más que la satisfacción de ayudar, me dejo un nuevo camino para redescubrirme, para amarme y para creer que dudar no es un estado permanente, es solo un complemento de la vida para ver lo valioso que se es, pese a las falencias que se tienen. Sin miedos no hay encuentros, sin dudas no hay respuestas y sin tristeza no hay felicidad. Esa es la conclusión a la que llegue luego de escuchar y conversar con Carlos, Carlos es sin duda, esa casualidad que te trae la vida para que te enfrentes cara a cara con la realidad, esa que se oculta solitaria y asechando para poner freno a tus sueños, limite a tus anhelos y obstáculos a tu camino. Por suerte, supe como descifrar su significado y patear muy lejos por el momento, ese mar de cuestionamientos que me tenían el alma encerrada en no creer en mí y pensando que, ser una figura pública era la única herramienta que me hacía valiosa ante una sociedad superficial que te califica, te lleva a la cima o te desecha por las muchas o pocas manitos que tu publicación logra. Hoy tengo claro que soy Nabi, una creadora de contenido web, soy una figura pública que muchos desean conocer, pero que pocos saben quién es el rostro tras el seudónimo. Soy la chica que usa el transporte público, que disfruta en una tienda de sus compras u alimentos, que camina sin ser perseguida por nada ni por nadie. Soy esa que el éxito le llego sin esperarlo, pero que solo lo logró con dos de sus publicaciones, esas que se volvieron el circulo en el cual se sintió encerrada y del a decidió salir sin importar lo que digan o piensen los ajenos, porque realmente lo que importa es lo que está en mi interior y la felicidad que siento al plasmar o publicar lo que hay en mi imaginación y en mi corazón, ese que sintió fruncido al ver como mis otras publicaciones no alcanzaron el éxito que mis dos primeros si lo hicieron… Me bajo en la parada que me corresponde e ingreso a un café, me aseguro de ubicarme en un lugar alejado y que me permita tener una conversación sin ser escuchada por nadie y menos que deje expuesta mi identidad, mi verdadera identidad. ─No congelaré mis publicaciones, no dejaré de crear contendido y no dejaré inconclusas mis historias. ─digo por teléfono a mi manager, uno que desea que deje de existir y que me dedique a otra cosa ─Yo soy lo que soy, soy lo que pocos pueden ver, pero que esos pocos me vean, es realmente lo que importa y si no deseas ser parte de ese grupo de personas, simplemente deja de ser mi manager y busca a otra que, si desee rendirse, porque yo no la haré, esa no es una opción, pero seguir siendo Nabi, si lo es, por lo menos para mí. No olvides que solo estas tras esta línea, porque no tienes el privilegio de conocer mi rostro, ese solo es para las personas que me aprecian y tu solo te beneficias de mí y no sabes la persona que realmente soy, así que dime, ¿estás conmigo o estas en mi contra? ─pregunto dando enviar a la respuesta que confirma mi continuidad en el mundo del entretenimiento digital anónimo. ─Lo siento, Nabi. No fue mi intensión llevarte al límite de la desesperación, pero fue la única alternativa que encontré ante tu estado de ánimo, jamás he deseado que te alejes del medio, mi intensión fue que descubrieras por qué estás en él y por qué fue que iniciaste a diseñar contenido. Creo que te estabas desviando del camino y solo buscabas popularidad entre tus seguidores y dejaste de disfrutar de lo que hacías, así que no soy tu enemigo, soy tu verdugo, uno que está dispuesto a cortar esa soga que evita que pierdas la vida, porque sé que esto que haces es parte de tu vida, así seas Nabi, Martha, luisa o Mariana, acá no es el nombre con el que te des a conocer, acá se trata de lo que realmente se desee ser o hacer. ─Te entiendo, pero creo que llegaste muy lejos al preguntar en mi perfil si deseaba o no seguir en el medio. Eso genero un sin número de especulaciones y de juzgamientos con los que no sabía cómo lidiar ─tomo un poco de mi café y agrego ─sé que tu intención tuvo un fundamento para ti positivo, pero para mí, fue como un golpe traidor en mis canillas llenándome de miedo ante los resultados negativos frente a mis demás publicaciones. ─Sabes que nos son negativos, solo que su crecimiento es menos acelerado que los demás, ¿o me equivoco? ─inflo mis mejillas dejándolas volver a su normalidad de manera lenta. ─Lo se ─confirmo finalmente. ─Ahora enfócate en amar lo que haces, no ha querer que miles de dedos, corazones o cualquier emoji que refleje aceptación o disgusto, sea lo fundamental. ─Gracias ─contesto antes de colgar. ─Mira Naty, Nabi seguirá en plataforma ─escucho que le dice una chica a su amiga. Por su gesto se que mi respuesta era lo que esperaban. ─¡Es genial! ─contesta animada y tomado el celular de su amiga para corroborar que lo que ella le indica en verdad. Sonrío recibiendo mi cambio y sintiendo como una nueva Nabi renació entre las llamas de las dudas, esas que siempre estarán nublando mi camino, pero que no lo han de frustrar, por el contrario, solo lo aclaran. ─¿Por qué te cubría un aura de tristeza? ─ es la primera pregunta que le hago a mi reflejo en el espejo ─. Porque deje que mi camino tomara otro rumbo y por poco me pierdo en el ─me contesto. ─¿Por qué dudabas o no tenías fe en ti? ─sonrío sin saber si este ejercicio ha de funcionar, pero fue uno de los consejos que me dio Carlos, así que decidí hacerlo ─Es normal tener miedo, si no lo tienes, ingresas en esa zona de confort que te puede llevarte al fracaso. Pero no es que no creyera o tuviese fe en mí, es solo que puse una venda en mis ojos y esa venda me bloqueo y no me dejaba ver con claridad el amor con el cual inicie en este mundo. ¿Por qué deseabas desistir a lo que tanto, amas? Y que piensas ahora, ¿Es mejor huir o enfrentar la realidad? ─leo las últimas dos preguntas de mi lista ─. Pensé que era lo mejor, para mí era mejor desistir de mi camino a fracasar en él, pero fue más fuerte mi amor por lo que hago, que esconderme, así que huir, es solo el segundo que falta para rendirse y rendirme no está en mi léxico. ─¿Cómo estás? ─pregunta mi mejor y única amiga. ─Mejor y mejorada ─contesto con tranquilidad ─, no hay mejor respuesta que escuchar a tu corazón y eso fue lo que hice, así como entender que, si me dejaba caer, serias capaz de cumplir la promesa de enviar a los de la moto ─sonríe y dice: ─Eso es lo importante, el que te hayas reencontrado. ─Gracias ─agrego por su apoyo, uno que fue el impulso en este camino y por ella, por mi y por estas ganas de lucha, es que he de seguir sin dar marcha atrás.  Esta es la verdad de como deje que la melancolía tuviese cabida en mi vida, es así como por poco abandono lo que amo, es así como mi frustración me llevo a pensar que el triunfo es solo mil manitos levantadas, pero no es así, el verdadero triunfo inicia cuando para ti lo que haces te gusta, cuando ves más allá del resultado y disfrutas lo que logras, solo es eso, creer en ti y no dar ese paso para caer o dejar que tu luz se apague ante la oscuridad. Esa soy yo, esta es mi historia y como por un momento pensé en abandonar lo que realmente me hace feliz. Porque escribir es mi pasión y mi complemento. Fin
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