—Por favor… aléjate —pedí en un susurro, cerrando los ojos cuando sentí sus labios demasiado cerca de mi oído
Su respiración cálida rozó mi piel
—¿Por qué debería? —respondió
Había algo en su voz… algo que sonaba peligrosamente a juego
Traté de mantener la cordura, de recordar todas las razones por las que aquello estaba mal
—Estás casado… —dije, abriendo los ojos para mirarlo—. Ayer casi nos descubre tu esposa
Las palabras salieron más débiles de lo que esperaba. Porque la verdad era que su cercanía estaba desordenando todos mis pensamientos
—Lo sé… —murmuró
Demian no se apartó, y al contrario
Su mano encontró mi cintura y sus dedos comenzaron a recorrerla con una lentitud que hizo que mi respiración se volviera inestable
—Pero aquí estoy —añadió en voz baja
Sentí cómo su mano se ajustaba apenas, atrayéndome un poco más hacia él. No era un movimiento brusco, pero sí lo suficiente para borrar casi por completo el espacio entre nosotros
—Esto está mal… —logré decir, aunque mi voz apenas salió
Demian inclinó ligeramente la cabeza, observándome con una intensidad que me dejó sin aliento
—Entonces dime que te detenga —estaba jugando conmigo
Sus dedos seguían en mi cintura, firmes, cálidos
—Dímelo mirándome a los ojos… y lo haré —por qué juega sucio
El silencio cayó entre nosotros
Porque en el fondo sabía que esa era la pregunta más peligrosa de todas
Y por la forma en que mi corazón latía… No estaba segura de poder decirlo
El aire entre nosotros se volvió casi irrespirable
Mi espalda seguía contra la puerta, y Demian estaba tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo atravesando la tela de mi ropa. Su mano aún descansaba en mi cintura, firme, como si temiera que en cualquier momento pudiera escapar
—Dímelo… —murmuró de nuevo, con la voz baja y grave—. Dime que me detenga
Intenté respirar con normalidad, pero era imposible. Mis ojos se encontraron con los suyos y, por un instante, todo lo demás dejó de existir
Sus labios estaban demasiado cerca. Demasiado, Demian se inclinó lentamente, como si me estuviera dando tiempo para apartarme
Pero no lo hice, mi corazón golpeaba con fuerza mientras nuestros rostros quedaban a apenas unos centímetros
Podía sentir su respiración
Un segundo más…Y entonces— ¡TOC, TOC, TOC!
Los golpes en la puerta fueron rápidos y desesperados
—¡Alexandra! ¡Alexandra, abre! —la voz de Gloria sonó al otro lado, agitada —Demian se tensó de inmediato —¡Alexandra, rápido! —insistió Gloria, golpeando otra vez—. ¡La esposa de Demian está entrando a la universidad!
El tiempo pareció congelarse
Mi corazón dio un vuelco
Los ojos de Demian se clavaron en los míos, y por primera vez desde que entramos a la oficina, vi algo diferente en su mirada.
Alarma
La mano que tenía en mi cintura se apartó lentamente
—Maldición… —murmuró en voz baja
Los golpes en la puerta continuaban
—¡Alexandra, apúrate! —Gloria me dijo
La tensión en la habitación cambió por completo. Lo que hace unos segundos era una cercanía peligrosa ahora se sentía como un secreto a punto de explotar
Demian pasó una mano por su cabello, tratando de recuperar la compostura
—Ve y abre —dijo finalmente, con la voz baja pero firme
Pero cuando me moví hacia la puerta, su mano volvió a sujetar mi muñeca por un segundo
Lo miré, su mirada era intensa… y estaba claro que aquello no había terminado
Luego me soltó
—Después terminaremos esta conversación —cual, porque yo solo vi a dos tontos jugar como si fuera normal la vaina, y a pesar de todo... Y por la forma en que lo dijo… Sabía que no era una promesa vacía
Salimos de la oficina con el pulso todavía acelerado, apenas crucé la puerta, Gloria me tomó del brazo y prácticamente me arrastró por el pasillo
—¡Rápido! —susurró con urgencia
Caminamos unos metros y nos metimos en la siguiente puerta abierta, un salón vacío. Desde ahí apenas podíamos ver el pasillo a través de la pequeña ventana de vidrio
Nos quedamos en silencio, conteniendo la respiración
—Ahí viene… —murmuró Gloria
Me asomé con cuidado
La esposa de Demian caminaba por el pasillo con paso firme, mirando a su alrededor como si buscara algo… o a alguien
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda
Pero entonces alguien se acercó a ella con un pequeño arreglo de flores y comenzó a hablarle. La mujer se detuvo, aparentemente distraída con aquel detalle
—Bien… eso nos da unos minutos —susurró Gloria
Apoyé la espalda contra la pared, tratando de calmar mi respiración
Mi mente seguía atrapada en lo que había pasado hacía apenas unos minutos en esa oficina… la cercanía, su voz, su mano en mi cintura… lo cerca que estuvimos de besarnos
Cerré los ojos un momento, diciéndome a mi mismo, que, Demian Hernández era un peligro para mí
Lo sabía
Lo había sabido desde el primer instante que lo vi como mi profesor
Y aun así… algo dentro de mí seguía queriendo acercarse más a ese peligro. Como si una parte de mí no quisiera escapar, sino quedarse justo en el borde del desastre
Solté una pequeña risa nerviosa y negué con la cabeza
—Debo estar loca… —murmuré
Porque, en el fondo, sabía perfectamente que estaba jugando con fuego
Y lo peor de todo… era que no estaba segura de querer apagarlo
—Claro que están locos —dijo Gloria, mirándome con una sonrisa divertida
No pude evitar sonreír también
—Pero te doy las gracias, Gloria. Eres mi mejor amiga —ella arqueó una ceja, observándome con curiosidad
—Por lo menos dime que se besaron —solté una pequeña risa nerviosa ante su pregunta
—Estuvimos… a punto. —suspiré—. Hasta que llegaste tú… y esa loca… y lo arruinaron todo —me hago la victima, Gloria abrió los ojos con sorpresa
—¡Diablos! Qué fuerte y fogoso… —dijo primero, pero luego su expresión cambió y se volvió seria—. Pero es prohibido, Alex. Lo sabes —bajé la mirada —Te he protegido de ese mal más veces de las que puedo contar —continuó ella con suavidad—, Pero tú solita sigues caminando hacia el precipicio —no respondí
Porque en el fondo sabía que tenía razón
Nos asomamos otra vez al pasillo y vimos que la mujer ya se había ido. El lugar volvía a llenarse de estudiantes que caminaban de un lado a otro como si nada hubiera pasado
—Vamos —dijo Gloria
Salimos del salón y comenzamos a caminar por el pasillo y yo la seguí en silencio, pensando en todo lo que había ocurrido esa mañana. En el peligro, en la tensión… y en lo cerca que había estado todo de volverse imposible de ocultar
Miré a Gloria mientras avanzaba a mi lado
Podía enojarse conmigo, regañarme, incluso meterse en problemas por ayudarme. Ya se había ganado suspensiones más de una vez por mi culpa
Y aun así… seguía ahí
Firme como una piedra
Justo para mí
En la salida de la universidad nos despedimos
Gloria caminó hacia su auto mientras yo me quedaba unos segundos en la acera. Me lanzó una última mirada, de esas que dicen cuídate sin necesidad de palabras, y luego arrancó rumbo a su casa
Yo, en cambio, tomé el camino opuesto
El cielo estaba gris y el viento frío me obligó a abrazarme los brazos mientras caminaba hacia la parada del bus. Cada paso me acercaba más a la realidad que me esperaba
A mi propio infierno, las deudas, las facturas de las medicinas, las quimioterapias
Mi madre… y el cáncer que la consume poco a poco
A veces todo pesa tanto que siento que la espalda se me va a partir en dos. Como si cargara una piedra enorme que nadie más puede ver, y lo peor de todo es saber que soy la única que la sostiene. Soy todo lo que tiene mi madre
No hay hermanos, no hay familia que venga a ayudar. Solo estoy yo
Por eso bailo
Por eso trabajo en el bar
Por eso acepto miradas, comentarios y noches interminables con tal de llevar dinero a casa
Y no… no me arrepiento ni un poco
Porque cada billete que gano significa una medicina más. Una sesión más. Un día más para ella
Así que si el mundo quiere juzgarme por cómo sobrevivo… que lo haga
Yo solo sé que lo hago por la única persona que nunca me soltó la mano
Mi madre...