Encontrando un salvavidas

984 Palabras
Llegué en la tarde a la casa… y la fantasía se rompió Las miradas intensas La tensión en el aula Los pensamientos prohibidos Todo se quedó afuera, en la universidad dentro de estas paredes solo existía la realidad verdaderamente era dura Solo Gloria sabía lo que realmente pasaba aquí, lo que yo escondía detrás de mis risas, de mis notas altas, de mis silencios. Mi madre estaba enferma. Cáncer, ocho años luchando, ocho años de quimioterapias, recaídas, hospitales, cuentas médicas y noches sin dormir, ocho años viendo cómo alguien fuerte se va volviendo frágil Hace dos años mi hermano nos echó de la casa La casa que era de mi madre, se quedó con todo, pero ya no me dolía como antes. El dolor cambia de forma cuando se vuelve costumbre Ahora vivimos en un lugar más pequeño, más humilde, más nuestro, pero tambien se acumla la renta la vida, las factura de luz y gas, todo nos estaba matando de a poco y ¿saben que? Mi madre, aun enferma, seguía ayudando, vendía comida, se levantaba temprano, aunque el cuerpo le doliera decía que no quería que yo dejara la universidad por ella Que su enfermedad no podía convertirse en mi excusa para renunciar a mis sueños, y eso me partía el alma Porque mientras yo pensaba en miradas prohibidas y en hombres imposibles… ella estaba contando monedas para comprar medicamentos, me apoyé en la puerta un momento antes de entrar a su cuarto Respiró hondo, aquí no podía ser la chica que se derrite por su profesor, aquí tenía que ser fuerte, aquí era hija, la mejor Y eso pesaba más que cualquier historia de amor —Qué vida, Alex… —susurré sentándome en la orilla de la puerta—. Solo Demian me da una esperanza Y en cuanto lo pensé, me dio miedo porque cuando tu única luz viene de algo prohibido… esa luz puede quemarte, destruirte en vez de acomodarte Demian no sabía nada de mis noches en hospitales, no sabía de las veces que fingí estar bien después de acompañar a mamá a quimioterapia, no sabía que muchas veces estudio con el sonido de su tos al fondo, no sabía que hay días en los que no quiero ser fuerte. Y aun así… cuando me mira, siento que existo más allá del caos, que no soy solo la hija que resiste No soy solo la chica con problemas económicos, no soy solo la que carga responsabilidades que no le corresponden. Con él… soy Alex nada mas, pero eso no significa que sea esperanza real, tal vez es solo una distracción bonita, una ilusión elegante con traje y voz firme, mas nada Un lugar donde esconderme un rato del peso que llevo encima, y eso es lo que me duele admitir: no necesito que Demian me ame, necesito que la vida deje de doler y estoy confundiendo consuelo con amor —Alex, hija mía… —dice mientras me acerco a su cama, su voz está más débil hoy, pero intenta que no se note. Siempre intenta que no se note —¿Comerás antes de ir al hotel? —esa palabra me atraviesa el alma. Hotel, asiento con una sonrisa que practiqué tantas veces que ya me sale automática —Sí, madre. No te preocupes… ¿cómo estás tú? — ella acomoda la cobija sobre sus piernas, como si el gesto pudiera esconder el cansancio en sus huesos, de la vida —Bien… un poco cansada nada más. Pero bien —mentimos las dos, ella finge que no duele tanto Yo finjo que trabajo en algo decente, algo limpio, algo que no me obligue a usar tacones imposibles y sonreírle a hombres que no me importan No trabajo en un hotel, trabajo en un bar mesera cuando toca, bailarina cuando pagan más, acompañante de mesa cuando el cliente lo exige. Lo que sea… mientras la paga alcance para medicamentos, para comida, para mantenernos a flote ¿Entienden el engaño? Ella necesita creer que su hija está a salvo y yo necesito que ella no cargue con la culpa de mis decisiones, ademas la paga vale todo o eso intento convencerme cada noche cuando regresó con los pies adoloridos y el maquillaje corrido Me siento a su lado y le tomo la mano —Todo va a mejorar, mamá —le digo, y no sé si le miento a ella… o me miento a mí Cada día es una batalla silenciosa dentro de mí No es solo Demian No es solo mi mamá Es el peso de dos mundos que no deberían tocarse… pero viven dentro del mismo pecho, por un lado está lo que siento por él, esa intensidad que me hace olvidar por unos minutos quién soy fuera del aula. La sensación de que alguien me mira como si fuera más que problemas, más que cuentas, más que cansancio, con Demian me siento viva, deseada, vista Pero en casa… soy hija, soy la que prepara medicamentos, la que revisa cuentas, la que sonríe aunque por dentro esté agotada. La que miente sobre su trabajo para no romperle el corazón a la mujer que me dio todo ¿Cómo se elige entre eso? ¿Entre un amor que apenas empieza y puede destruirlo todo… y el amor que me dio la vida y que se está apagando poco a poco? A veces pienso que no es una elección justa Porque amar a Demian no significa que ame menos a mi madre, pero entregarme a él podría distraerme, podría hacerme perder el foco, podría complicarlo todo cuando mi mamá me necesita más que nunca Y entonces me pregunto: ¿Estoy buscando amor…o estoy buscando escapar? Porque tal vez no se trata de elegir entre hombre o madre, tal vez se trata de decidir qué tipo de mujer quiero ser en medio del caos Y esa respuesta… todavía no la tengo
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