CAPITULO 34

1352 Palabras

El cielo comenzó a teñirse de tonos que ni en mis mejores dibujos había logrado reproducir. Naranjas encendidos, rosas de cuento, y ese azul que se vuelve violeta cuando el sol empieza a decir adiós. Estábamos sentados en unas sillas plegables, en la arena, con los pies enterrados y los vasos sudando en nuestras manos. El aire olía a mar, a carne asada de algún puesto cercano y a limón de michelada. El combo perfecto. Luca estaba contando una historia que no tenía ni pies ni cabeza, como siempre. Se reía solo de sus propios chistes, con la camiseta abierta, los lentes de sol mal puestos y una rodaja de limón pegada a la frente por algún estúpido reto que perdió. Damien, en cambio, estaba callado. En su propia burbuja. El vaso de su michelada apenas sudaba porque no lo había tocado desde

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