Giró en la esquina. Sus zancadas eran tan largas que apenas podía seguirlas. Cuando llegué a la esquina, lo había perdido. Ya no lo veía por ningún lado. No estaba. ¿Había sido producto de mi imaginación? No, no podía haber llegado hasta allí sólo por una ilusión. El chico era real. Mi sueño era sólo un sueño. Por un momento contemplé la idea de volver al café a preguntar si habían visto lo mismo que yo. El mesero tendría que haberlo visto. Era un chico bastante alto como para no verlo. Mi móvil me distrajo con la llegada de un mensaje. Era Sara, que me invitaba a almorzar. Todas mis amigas estaban pendientes de que no me aburriera. Les parecía una niña pequeña a la que tenían que entretener. Le contesté que estaría en su casa a la hora del almuerzo y emprendí a pie el camino hacia allí

