―No podemos hablar aquí —comentó al caminar hacia mí—. Las paredes nos escuchan. Esa vez las palabras no salieron de sus labios, retumbaron en mi cabeza. ―Estás en mi cabeza. —Meneé la cabeza—. ¿Por qué tanto misterio? Drake se acercó a la luz del balcón. Salió de entre las sombras, bajo el techo que cobijaba la mesa y las sillas. La nieve cubría todo el lugar y debería estar muriendo de frío, pero no lo hacía. Era como si verlo me calentaba el cuerpo. Su cercanía, aunque fría, evitaba que sufriera por el clima. Esa vez se mostró tal como cinco años atrás, sin armaduras ni máscaras, sin mentiras ni temores. Era el mismo hombre por el que perdí la cabeza tanto tiempo atrás, y el mismo que haría que volviera a suceder si solo dejaba que entrase en mi cabeza de la forma exacta en la que

