UN RICO ORGASMO

1269 Palabras
La familia entrante es los padres y hermana de la difunta esposa de Belmont, con quien nunca tuvo una buena relación, siempre lo culparon por todo, menos su cuñada quien siempre estuvo detrás de él, desde que su hermana vivía. —Abuelos que bueno verte —Nietecita, que linda estas. —Ella la suspende en brazos. —Hola, Belmont. —Ágata, se acerca a la mesa a saludar a su ex cuñado. —Hola. —Se imitó a decir, Isabelle solo los quedaba viendo, eran una familia muy extraña, no había nada de cariño, Aimé solo los observa, no son santos de su devoción. —Abuelos quédense con nosotros, verdad papi. —Por mí no hay problema. —Nada más un momento, veníamos únicamente un momento. —El padre de Ágata, un hombre de unos cincuenta años, de carácter fuerte. Ágata de inmediato se sentó a la par de Belmont, Cloe junto a sus abuelos, que de inmediato presento a Isa como su madre, todas las miradas se fueron para donde ella y Belmont. —Que está pasando Belmont. —La niña se ha empeñado en llamarla así. —No será ella que le mete cosas en la cabeza a mi sobrina. Además ¿Quién es ella en tu casa? —Esa es una buena pregunta. —Recalca la madre, algo molesta. —Ella es la nueva niñera de Cloe. —Su niñera, ya me lo imaginaba, deja de meterle cosas a mi sobrina en su cabecita. —Le dice a Isa directamente. Isa esta por responderle cuando a Aimé le toco la rodilla para que no se involucrara, Belmont manejo el asunto, defendiéndola, cosa que no les gusto a ellos, Belmont les termino reclamando del porqué no han visitado a su nieta si tanto les interesa su vida cotidiana. Ellos para su defensa dijeron que estaban viajando a ver médicos porque la salud de la cabeza del hogar, no han tenido tiempo de poder visitar a la niña, aunque esta vez Ágata les dijo que ella estaría más atenta a su sobrina. Aimé rodó los ojos delante de ella. —Nos retiramos, Cloe pronto te iremos a visitar. —Si abuela. Se despidieron de la niña y de Belmont, ignoraron a Aimé no digamos a Isa, quien no era nadie para ellos. Momentos incómodos los que acaban de pasar, Isa termino de comer, no le interesa nada lo que acaba de pasar, son asuntos familiares, entre ellos. De inmediato el ambiente se volvió pesado, un silencio incómodo los envolvió, que él decidió marcharse, la familia de su difunta esposa, siempre le terminaban amargando la vida desde que su esposa estaba viva. Aimé tomo de la mano a Cloe e Isa hizo lo mismo, se le miraba a leguas que él estaba amargado. Isa no dijo nada, pero noto que él no tiene buena relación con sus suegros, algo que sintió extraño es que ellos no visitan a la niña como unos abuelos cariñosos. Al llegar a la casa, Isa se retiró a su Apartamento, mientras que ellos entraron en la casa. Isa esta por ir a dormir, no sin antes beberse un vaso de leche, esta sentada meditando que no solo ella tiene problemas familiares sino que ellos también, aunque aún no sabe lo que le paso a la esposa de Belmont. Cuando unos toques en la puerta la sacan de sus pensamientos. —¿Quién? —Ábreme la puerta. —Reconoció la voz de Belmont, abrió la puerta para su sorpresa él entra de un solamente balanceándose de un lado a otro, cayendo desplomado sentado en el sillón. Ella cierra la puerta, y busca un poco de agua. —¿Por qué está en ese estado? —Ven a aquí. —La sujeta de la mano haciéndole tirar el vaso de agua en el suelo, haciéndola caer en su regazo. —Señor Belmont, suélteme no está en sus cinco sentidos. —Le sujeto fuerte abrazándola. —No te muevas por favor, quédate un momento de esta manera conmigo. —Ella se quedó quieta al escuchar la súplica de él—Déjame estar a tu lado esta noche. Isabelle no sabe que hacer, él está completamente borracho, Belmont la sujeta más fuerte, metiendo su mano por debajo de la blusa de ella, por primera vez siente un calor que la supera. Belmont le comienza a besar el cuello por detrás, ella cierra los ojos ante la sanción que le está provocando. Siente el cosquilleo y la sanción palpitante de su intimidad, perdiéndose entro las manos expertas de él y los besos que la llevan a otro nivel, al sentir que ella está removiéndose en sus piernas, provocándole querer más de ella. —Eres exquisita, mujer. —¿Qué es todo esto que estoy sintiendo? —No quiero parar. Ella no esta para responder a eso, quiero recobrar la cordura, pero sentir las manos de él en sus pechos estrujándolos mientras la recorre a besos, cuello y espalda, en eso la suspende de la cintura abriéndola dejándola frente a él, a lo que ella se sorprendió. —¡Estás borracho! —Sí. Quiero estar contigo, seré responsable de ti. —¿Responsable de qué? No quiero ser atrapada en eso del compromiso, ¡Le huyo! —De lo que pase entre nosotros, ¿No te soy atractivo? —No va a pasar nada, usted no está en sus cinco sentidos, además soy una chica libre, no quiero ser de nadie. —Eres muy distinta a las mujeres que he conocido. Te deseo, me gustaría que pasara algo entre nosotros, ¿Me dejarías disfrutarte? —No, no lo permitiría. Eso jamás pasará. —Tu cuerpo me dice lo contrario. Ella gime cuando de presto él introdujo su mano en su intimidad, sin previo aviso, ambos se quedaron viendo cuando como si el tiempo se detuviera para ellos, los ojos suplicantes de él para que ella no lo detuviera, y el razonamiento de ella tienen una pelea interna. Isa siente como él hace maravillas con su intimidad, algo que nunca había sentido, sin contar la vez que estuvo drogada, ella siente que se está aprovechando del estado de él, con la ventaja que al día siguiente él no recuerde nada. Ella está perdida en las sensaciones que él le está proporcionando, después de estar recibiendo besos en sus pechos y las manos en su intimidad alcanzo un extraordinario orgasmo. —Hagámoslo, me responsabilizaré. —No, no podemos, usted no está en sus cinco sentidos. Isa se soltó del agarre de él, se recompuso de la sanción exquisita que él le acaba de proporcionar. Él la observa salir apresurada regresando con un vaso de leche, dándoselo a beber como si fuera un pequeño niño. —Recuéstese, trate de dormir un poco, en la madrugada le ayudaré a regresar a su dormitorio. —No quiero. —Usted no puede dejar que su hija lo vea en esas condiciones, recuéstese un rato mientras se le baja la borrachera. —Ella lo acomoda en el sillón, él cierra los ojos. Ella lo cubre con una sabana. Se aseguró que él estuviera dormido para retirarse a su dormitorio, se acostó en la cama queriendo asimilar lo que acaba de pasar, sonriendo al recordar lo que acaba de pasar. No supo a qué horas ella se quedó profundamente dormida hasta que siente algo pesado sobre su cuerpo, abrió de a poco los ojos, cuando una mano la tiene prisionera. Recorrió con la mirada, hasta llegar al rostro del dueño de aquella mano, sus ojos se abrieron como plato al verlo sin camisa, aferrado a ella.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR