XXXII Por más que insistió, no pudo hacer que su esposo luciera un poco más «deportivo» para el largo viaje que iban a empezar. Era recorrer el continente entero hasta llegar a Brasil, pero no, él insistió en seguirse viendo como alguien peligroso y que de seguro iba a reunirse con la mafia internacional. Por supuesto, llamó mucho la atención de las autoridades aeroportuarias, que al ver que era una persona honorable lo dejaron partir junto a Mary, que no podía estar más roja de la pena. Lo golpeaba continuamente en el brazo por ser tan terco y no usar ropa más cómoda. —Nathaniel son casi 10 horas de viaje, vas a estar tan incómodo y te vas a acordar de mí. —Voy a estar sentado esas 10 horas, no va a pasar nada —respondió el esposo, que le revolvió un poco el cabello a su chica, de mane

