CAPÍTULO VI-2

1892 Palabras

«Si realmente no está echada a perder», se dijo el Conde, «entonces es un milagro». Pero, lo viera como lo viera, ella parecía no percatarse de él como hombre. Sólo estaba interesada en el Castillo y en su contenido. Repentinamente, por su mente cruzó la idea de que sería un desastre si se enamoraba de ella. ¿Cómo podría, en la posición que ocupaba, pedirla en matrimonio? Por otra parte, estaba convencido de que ella se escandalizaría y horrorizaría si le sugería otra cosa. En Londres, como él sabía muy bien, el amor era una palabra que encubría una multitud, si no de pescados, sí de situaciones secretas. Era extraño, pero estaba profundamente convencido de algo, y era ello que la señorita Bruce buscaba en la vida el amor que siempre lo había eludido a él. El amor que, de hecho, ha

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