El tiempo continuó avanzando, como siempre, sin esperar a aquellos que desean que vaya más despacio. Lo hace parecer que se burla de nosotros, pareciendo eterno cuando más deseamos que pase rápido, o avanzando lentamente cuando lo que mas anhelamos es que terminé pronto. No hubo un día que no me dedicara a practicar todo cuanto podía. Esta vez, quién no tuvo ni un solo momento para pensar en sus amigos, fui yo. Lo cual, a la vista de ellos, me convirtió en una mala persona. Era normal, ya esperaba que esto pasara. Yo estaba obligada moralmente a soportar toda clase de trato. Ser ignorada, apartada o menospreciada. Todo estaba bien, porque yo podía con todo eso, pero, yo no era libre de hacer lo mismo. No podía y a la fecha no puedo. Eso me volvería la mala del cuento. Pensar en mí, e

