Capítulo 3- confrontación

3056 Palabras
Estaba nerviosa, era un nuevo empleo, no sabía cómo era el ritmo de trabajo, todo sería nuevo, yo sería la nueva, nunca me había gustado ser la nueva. Lo primero que hice al llegar fue presentarme con el jefe de mi departamento, en si era el área de cirugías ambulatorias, y en ciertos casos estaría en la sala de emergencias.  La doctora al mando fue bastante concisa en las cosas, pero desde ese momento podía notar el menor grado de exigencia que había en el hospital, era comprensible, Merryhill era un pueblo pequeño.  Algo que me llamó mucho la atención fue el nivel de organización, era apenas mi primer día y ya me tenían una agenda con los pacientes que atendería y un calendario para programar mis cirugías.  La primera parte de mi turno fue bastante tranquilo, pero presiento que es el ambiente que hace que lo sienta así.  Como era la nueva me tocaría almorzar sola, no es algo que me desagrada, en realidad prefería eso, a tener que autopresentarme y entablar conversaciones de la nada con desconocidos.  Pedí una ensalada con pollo asado, era una de las mejores opciones del lugar. Mientras hablaba con una de las que servían escuche la voz de Matt Geller, no quería mirar y comprobarlo pero mi cerebro no me obedeció, él me noto.  Se acercó, traía una sonrisa de galán, recuerdo como solía llevarla en mi baile de graduación, en ese momento supe que era un idiota.  -mucho gusto, me presento, soy Mattew Geller- me extendió la mano- tú debes ser la chica nueva.- me reí, esto era tan extraño, a poco no me reconocía.  - hola Matt ¿no me recuerdas?- él se enderezó, y empezó a observarme, yo empecé a caminar hacia una mesa- déjame ver, estás buscando en tu cabeza si te llegaste a acostar conmigo y no lo recuerdas- él estaba tan nervioso, tuve compasión – soy Ramona Moore.  -¡Ram!- dijo con gran alivió, de verdad lo había puesto a pensar- no te he reconocido.  - ya lo he notado, pero yo si pude reconocerte  estas idéntico- el coraje de aquella noche del baile se apoderó de mí, pero respire profundo, ya había pasado tiempo, y no podía seguir con enojo.  Verán, él era mi novio, sí, era el novio con el que cortaba en mi último año de secundaria, la vez que peleamos y me bese con Corin fue porque él me fue infiel, y al besar a Corin me sentí mal, lo perdone y volvimos, pero el día del baile el me fue a buscar tarde, estaba demasiado coqueto con otras chicas y justo en mitad de un baile me corto.  Esto fue lo que dijo: creo que es mejor dejar esto, iremos a la universidad y es mentira que seguiremos juntos.  Y no espero mi respuesta solo se apartó y me dejo en la pista a media canción, en ese momento Corin apareció al rescate, me consoló, antes de irnos fui al baño, y  lo encontré besándose con otra chica.  Así que era un gran idiota, y por lo que veía seguía siéndolo. -Ha pasado mucho tiempo desde...- al parece recordó lo que había pasado – admito que fue un idiota, pero créeme la vida se ha encargado de recordármelo a cada momento.  - ¿justo como ahora? - sí, no sabía que estabas en Merryhill. - acabo de llegar- empecé a comer, él se levanto, pensé que se iría pero regresó con su almuerzo  - creo que es bueno, yo también lo hice hace un par de años, ahora soy uno de los titulares.  - al final sí elegiste medicina, pensé que ser un futbolista era lo tuyo.  - luego de mi año sabático me di cuenta que no llegaría a ningún lugar en ese ámbito, prové suerte en esto... Tú siempre tuviste claro lo que querías.- asentí, hubo un silencio incómodo- ¿y te estás quedando en casa con tus padres? - la casa es mía ahora, antes era de mi abuela y bueno ella me la heredó.  - es mucho mejor que pagar renta.  - lo es.  Aquello era incomodo, sabía que debía superar el hecho de que me dejo en el baile de graduación, es decir ya había pasado casi 10 años, no podía seguir enojada, pero lo hacía.  Miré  el reloj, como excusa para irme, me despedí y volví a mi consultorio, podía organizar citas mientras que se llegaba la hora de atender a mi próximo paciente.  Al terminar el día solo quería ir a casa y comer, aquella ensalada me había dejado ambienta.  Cuando llegue a casa vi al señor Lyons en su jardín regando algunas plantas, me acerqué a saludar.  -sus rosas están muy lindas, eran las favoritas de la señora Lyons- el al alzar la mirada sonrío.  - La pequeña Ram, estás aquí- dijo mientras abría sus brazos para un abrazo que no podía rechazar- ¿desde cuándo estás aquí? - hace unos días, de hecho Corin me ha estado ayudando con algunos arreglos de la casa.  - no me ha dicho que habías llegado.  - no quería hacerte la ilusión- Corin acababa de llegar y al parecer había escuchado la conversación- luego se iría y no la podrías ver.  - me quedaré un rato señor Lyons, así que me verá a menudo – mire a Corin quien no dejaba de mirar hacia otro lugar.  - papá, creo que es mejor entrar, empezaré  a preparar la cena. - ¿por qué no invitas a Ram? Debe tener hambre.  - no, no se preocupe, de hecho yo iba a preparar mi cena, tal vez en otra ocasión .  - bien, te tomaré la palabra pequeña Ram.  Asentí, mientras me alejaba escuche al señor Lyons reprender a Corin por su falta amabilidad conmigo.  Me prepare una hamburguesa casera, acompañada de una soda.  Aproveche para arreglar algunos platillos para las posteriores cenas. Luego empecé a anotar las cosas que debía comprar nuevas, empezando con la cocina.  Prepare té, y me senté a ver una serie, pero escucho que tocan a la puerta.  Al abrir estaba Corin allí.  -Lyons-  él sonrió y alzo una bolsa.  - mi padre insistió en traerte cena, dice que había sido mal educado, es lo  menos que puedo hacer- era típico del señor Lyons, el había sido como con segundo padre para mí, siempre estaba pendiente de mi.  - hice té, ¿quieres?- lo invite a pasar, por un segundo lo pensó, pero finalmente entro.  Fuimos a la cocina, era el mejor lugar para estar, la sala aún estaba llena de polvo. Nos acomodamos en la isla, uno frente a otro.  Inspeccione la comida, era papas salteadas y carne asada, olía delicioso, no me resistí y empecé a comer.  -¿así que ahora cocinas? - creo que las lecciones que me diste no fueron en vano. - lo único que recuerdo es que lo quemabas todo, incluso el agua.  - eso es imposible - dile eso a la holla de mi madre – el río. Era cierto el había dejabado que el agua se consumiera, luego por mucho tiempo de estar en el fuego la holla termino quemándose.  - en mi defensa era la primera vez que cocinaba algo.  - y todo por amor, aquella chica nunca recibió esa comida.  - ella se lo perdió- sonrío- ¿puedes darme azúcar? – asentí, fui en busca de el azucarero, mientras arreglaba las cosas lo había movido hacia la parte de arriba, así que me subí a la silla para alcanzarlo con mayor facilidad- a ver, te vas a caer, déjame yo- él estaba junto a mí en un instante y alcanzó la azucarera, estaba muy cerca, olía exactamente como recordaba, un olor dulce, me encantaba ese olor- ya está – lo dijo suavemente, él se dio cuenta lo cerca que estábamos- lo siento.  Dio un paso atrás, aquello fue raro, pero no me sentí incomoda, en realidad me había gustado. Se sentó donde estaba antes. -el día que fui de compras me encontré con Any, la recuerdas?  -sí, su esposo es mi socio- eso no me lo esperaba- es extraño que no haya dicho algo, suele ir al trabajo con alguna excusa y nos pone al corriente de cualquier cosa, y sería una gran noticia saber que tú llegaste.  - le dije que me ayudabas en casa, así que debe imaginar que ya sabes que estoy aquí- el río- me dijo que Matt esta trabajando en el mismo hospital que yo, pensé que no me lo encontraría, pero me equivoque.  - sí, el idiota Matt al final no era tonto. Idiota pero no tonto... Nunca entendí como podías estar con el.  - era encantador cuando no había público... No todo fue malo, es la excusa que me doy para no aceptar que yo me aguante malos tratos porque quise. Siempre pensaba que terminar con él en la secundaria sería feo,  él era el capitán del equipo de fútbol, muy guapo, y en cierta manera me hacía sentir que era lo máximo al estar con el.  - tú eras lo máximo, no lo necesitabas.  - la Ramona de 17 años no lo pensaba así.  - tonterías de crios, no vimos lo que teníamos en frente-se levantó-  en este caso, frente a la ventana.  Quería responder, quería decirle que tenía razón, pero no.  Ya aquello había pasado, estaba devuelta y no dejaría que aquellos sentimientos pudieran dañar algún indicio de amistad entre ambos.  Lo conocía desde que nací, hacíamos todo juntos, pero ahora era todo un extraño, no podría volver a pasar.  Mi día comenzó con mi rutina, apagar la alarma, levantarme, buscar mi ropa de trabajo, cepillarme mis dientes, meterme a la ducha, luego vestirme y bajar hacia la cocina.  Es lo que planeaba.  Todo estuvo bien hasta el momento que intente salir de la habitación, la puerta estaba trancada, intente varias veces abrirla, tire patadas, trate de abrirla con una tarjeta y nada, no tenía el cuchillo de la última vez, no podía llegar tarde a mi trabajo en mi segundo día, y mucho menos faltar.  Lo único que se me ocurrió fue llamar a Corin, su teléfono sonaba, pero él no contestaba, me asume a la ventana, vi su teléfono, el aún estaba en casa.  Estuve diez minutos llamando y  no contestaba, tampoco escuchaba mis gritos.  Bien, era hora de saltar. Nuestras casas tenían una separación normal, pero nuestros padres nos habían agregados un balcón pequeño para que pudiéramos salir y conversar, pero la verdad era que lo utilizábamos para poder saltar de una casa a la otra. Era mi hora de hacerlo, salte con mucho cuidado, mi corazón palpitaba más fuerte, me dio miedo el salto pero finalmente estaba en su casa, toque la ventana con fuerza pero no estaba el, veía su teléfono en su mesa de noche pero no había indicios de el, mire mi reloj, si no me daba prisa llegaría tarde.  Probé si la ventana estaba abierta y para mí suerte lo estaba, entre, terminando de poner mi segundo pie en su cuarto, él entra.  -¡Qué rayos haces!- estaba en toalla. - mi puerta se volvió a atascar, y necesito salir de la casa para ir al trabajo,  te he llamado pero no contestabas, esto fue mi último recurso. – él empezó a reír  - creo que tu mala suerte sigue activa Dunne... Puedes salir por aquí, solo procura que no te vea papá, se imaginará cosa- asentí, antes de salir de su cuarto toque mi bolsillo para saber si había metido mis llaves del auto, pero recordé que las había dejado en la mesa de la entrada junto con las llaves de toda la casa.  - no quiero abusar- me giré- pero me podrías llevar al trabajo, mis llaves están adentro de la casa, y no me queda el tiempo suficiente para que puedas abrirla ... - está bien- volvió a reír- espérame junto a mi auto, antes debo cambiarme.  Bajé con cuidado, vigilando que no me viera el señor Lyons, pensé que estaba a salvo.  -vaya, mi empujón los ayudo- el señor Lyons sonreía y me guiñó el ojo.  - oh, no señor no es lo que parece.   - te dije que fueras cuidadosa – Corin ya estaba detrás de mí- papá, la chica es toda una traviesa- aquello me tomo desprevenida, se suponía que el no quería el papá pensara cosas, y ahora lo estaba alentando.  Ambos rieron, Corin me condujo hasta afuera, ahora yo estaba molesta, me a hecho pasar vergüenza frente al señor Lyons.  Después de un rato en el auto, llevando más de medio camino -vamos Ram, es una broma. -  tu papá pensara que tú y yo... No quiero que piense algo que no es.  - déjalo soñar, el aún cree que estamos destinados. -¿ te dijo eso? - siempre lo dice, aunque debo recalcarle que no has sentido lo mismo. -no digas eso Corin – lo dije en voz baja, quería que fuera un secreto solo para mi, pero estábamos en un auto, en silencio, era obvio que no sería un secreto.  - es la verdad – el aún tenía el tono de burla.  - pues te equivocas Lyons- ya estábamos en la entrada del hospital- estaba muy enamorada de ti desde los trece, creo que en ese momento era yo la ilusa... Muchas  gracias.  Me costó mucho tiempo después darme cuenta que siempre había estado enamorada de él, pero no podía estarlo para siempre, también siempre existió una parte que pensaba que era solo costumbre, pero no lo sabré.  Para mi suerte el turno del día fue bastante llevadero, ya estaba tomando el ritmo que debía, y me estaba agradando,  incluso había tenido una conversación bastante agradable con una colega, me sentí que podía encajar en el lugar.  -el viernes es día de karaoke, deberías venir, es divertido.  - ¿karaoke? No canto, bueno en lugares públicos.  - si quieres puedes cantar, pero sino, no hay problemas, la cuestión es divertirse y pasar el rato.  -bien, lo tendré en cuenta.  Al terminar el turno recordé que no tenía coche, estaba lloviendo así que sería muy incómodo regresar en autobús, debía tomar un taxi.  Los taxis eran peleados, ya había perdido tes para cuanto aparece Matt.  -¿nada de suerte?- pregunta al ver que seguía con mi brazo estendido pidiendo un taxi. Negué cansada- si gustas te puedo llevar- aquello me tomo de sorpresa- aún recuerdo el camino. Quiero negarme, pero ya había pasado media hora y no había conseguido un taxi, estaba cansada y solo quería llegar a casa.  -estaría muy agradecida- él sonrió- aunque no debes molestarte en cosas como esa.. - no es una molestia, vamos- jadeo la cabeza en dirección a los estacionamientos, abrió su paraguas y me invitó a acércame.  Caminamos pegados para tratar de mojarnos lo más mínimo, aunque en realidad lo único que se salvó fueron nuestras cabezas.  El viaje a casa fue tranquilo, hablamos sobre el clima lo difícil que podía llegar a ser, también sobre aquella vez que el estaba practicando fútbol y  fui a verlo, me invitó a jugar un momento y en eso la lluvia cae y nos mojamos, quedamos empapados y llenos de lodo, fue un momento divertido, esos eran los buenos momentos que me hacían quedarme en esa relación.  -hubo buenos momentos- dije – éramos muy jóvenes y tóxicos.  - debo reconocer que gran parte fue mi culpa, créeme, me costó darme cuenta pero al final lo hice. – lo mire por un momento, se veía serio y sincero.  - te enamoraste- descubrí que aquello que dijo con ese sentimiento solo podría hacer porque estuviese enamorado.  - así es, pero así como la dañe contigo la dañe con ella... Ha sido mi última relación, desde entonces no he... - no has sentado cabeza- estábamos llegando a mi casa- tranquilo Matt, algún día llegara tu segunda oportunidad en el amor, pero esta vez sabrás qué hacer. Gracias por traerme, fue lindo conversar.  - fue un placer, y espero poder volver a conversar, fue agradable. -Aún seguía lloviendo- toma, llévate mi paraguas.  Lo tomé y baje del auto corriendo hasta mi pórtico, me sacudí los pies, recordé que no tenía como entrar, alce la mirada y allí estaba Corin.  -¡Rayos Corin! No puedes aparecerte así de la nada.  - no me aparecí,estaba aquí primero... ¿conseguiste un taxi con este clima? - no... Matt fue amable y me trajo.  - Matt... Yo podría haberte buscado.  - no quería molestarte, ya lo he hecho suficiente.  - no era molestia, pero créeme que Matt no hace muchos favores por buena voluntad  - esta vez si lo hizo- él negó- ¿Por qué tan a la defensiva con el? - solo... él no me agrada  - recuerdo que eran muy buenos amigos... Aunque el habernos besado es una pista que no lo eran.  Eso pareció tomarlo desprevenido, dio un paso hacia adelante, se acercó lo bastante, tanto como para sentir sus respiración.  - hace mucho tiempo que no estás en Merryhill, Matt ya tiene su fama- aquello me pareció muy gracioso, Any me había contado todo, ya lo sabia, y también sabía que él era igual.  - vamos Corin, ambos sabemos que eres igual de mujeriego que Matt.- me aparté e intente entrar.  - entonces con más razón no deberías confiar en el- me giré para volver a verlo a la cara. - solo me trajo a casa, no quiere decir que saldré con el, aunque no tienes derecho a opinar sobre con quien debo salir.  - no pero... Antes, cuando éramos amigos te protegía de chicos que no te convenían - reí, el no debía protegerme, yo podía hacerlo sola.  - puedes decir lo que quieras para disfrazar que estás celoso. - eso no es cierto. - no lo entiendo Corin, tener celos me parece absurdo, hace más de...- él me besó, lo empuje molesta, él estaba sorprendido, como si no entendiera lo que acababa de pasar- ¿qué pasa contigo?  Yo estaba enojada, quería golpearlo, no era el momento. Pero me había gustado el beso, era como si lo estuviese esperando inconscientemente.  - no debes besarme... Esto no puede pasar Corin- las lágrimas empezaron a salir- no puedes  ser grosero, luego amable, ayudarme, traerme cenas, dejar que tu padre se de esperanzas de algo que nunca pasó... No puedes besarme, no puedes hacerme esto, no de nuevo.  - ¿de nuevo? Tú fuiste la que me rompiste el corazón, la que me dejaste esperando en esa estupida ventana. Tú no miraste atrás- él me dio la espalda para irse, pero yo no podía dejar esto así, era tiempo de decirlo.  - yo volví- él se detuvo- una semana después, sabía que estaba enamorada de ti y que no sabría si funcionaría si al menos no lo intentaba, intente convencerme que era mala idea, pero no me hice caso y volví, recuerdo ese fin de semana estaba ansiosa, tenía ilusiones de que esto podía pasar- me acerqué- me asomé a la ventana, las cortinas recogidas, podía ver toda tu habitación, vi más de lo que debía. Estabas con Lexie, estaban muy juntos, me di cuenta que no te importaba... No fui yo la que daño esto Corin, no te atrevas a decirlo.
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