Ronan
Todo cambia mañana. Este imbécil es su pareja o no la pierdo… o no la pierdo. ¿Por qué el destino es tan cruel? ¿Por qué todos los que están cerca de mí tienen que ser arrebatados? ¿Por qué pierdo a todos?
No.
Si todo cambia mañana… entonces merecemos una noche.
Estampo mis labios contra los suyos y la empujo de vuelta a su área de la sala de estar.
—Una noche, Liora. Si todo cambia, entonces merecemos una noche juntos. No puedo seguir sin saber a qué sabes, no puedo seguir sin tenerte nunca. Si me voy a ver obligado a estar sin ti y solo tener miradas robadas y recuerdos por el resto de nuestras vidas, está bien… pero quiero todos los recuerdos que podamos tener. Quiero saborearte en mi lengua. Quiero saber cómo te sientes al correrte alrededor de mi pene. No quiero pasar el resto de mi vida preguntándome qué me perdí, pequeña loba. Una noche. Merecemos una noche.
Le explico mientras acaricio su rostro con ambas manos y la miro fijamente a sus penetrantes ojos color turquesa.
Se muerde el labio inferior mientras me sujeta las muñecas.
Puedo notar que su cabecita está imaginando múltiples escenarios… pero también puedo oler su excitación.
Ella lo desea.
Asiente con la cabeza… y eso es todo lo que necesito antes de volver a besarla.
Sus labios son suaves como almohadas, pero este beso es todo menos suave.
Nos besamos como si fuéramos el aliento del otro. Como si no pudiéramos tener suficiente aire.
Nuestras lenguas se lanzan a la boca del otro y levanto a la pequeña loba, que instintivamente envuelve sus piernas alrededor de mi cintura, y me giro y la empujo contra la pared.
Quiero tomarme mi tiempo, acariciarla y ser gentil… pero también quiero arrancarle la ropa y frotarla contra la pared como un animal enloquecido, tomándola una y otra vez.
Ella deja escapar un pequeño gemido mientras recorro con mis manos todo su cuerpo.
La sujeto a la pared con mis caderas, dejándole sentir lo duro que me ha puesto.
La pequeña loba empuja su pelvis hacia adelante y comienza a frotarse contra mi pene mientras uso mis manos para explorar sus pechos.
Los aprieto ambos y froto mis pulgares sobre sus duros pezones a través de su camisón.
Los pequeños botones son firmes y mueren por mi boca.
Me inclino y empiezo a succionar uno a través de la camisa y aprieto y froto el otro entre mis dedos.
Ella gime de nuevo y continúa frotándose.
—Me encanta lo sensible que es tu cuerpo a mi tacto, lobita. Un pequeño toque te lleva al límite. Mira cómo se te eriza la piel solo con que te retuerza estos pezones apretados. Cómo gimes y te frotas contra mi pene duro solo con un pequeño movimiento de mi lengua aquí…
Y luego procedo a succionar su pequeño pezón y morderlo entre mis dientes.
Si sigue frotándose así, no llegaremos a la cama y terminaré corriendo en mis pantalones aquí mismo.
Le bajo el top de dormir y empiezo a succionar sus pezones sin la camisa de por medio.
Sus gemidos se hacen más fuertes y se frota más rápido y con más fuerza.
—Lobita, ¿vas a correrte por todo mi pene como una buena chica? ¿Vas a desmoronarte solo con que juegue con estos pequeños capullos rosados? Son tan duros… y apuesto a que tan sensibles.
Me llevo uno a la boca y lo chupo, luego lo mordisqueo con los dientes… y después el otro.
Un poco de dolor mezclado con placer.
Y parece que a la lobita le gusta.
Al diablo.
Puede tener un orgasmo aquí.