Liora
Retrocedo un paso, como si el aire se hubiera vuelto demasiado denso de pronto. Mi mano sube de manera inconsciente hasta la coronilla, justo donde todavía siento el eco del beso de Ronan. Fue breve. Cuidadoso. Y aun así… me descolocó por completo.
Disfruté ese beso.
Eso es lo que me inquieta.
Él es el alfa. El centro de esta manada. Y Cristina… Cristina ocupa un espacio claro a su alrededor, firme, visible. Territorial no es solo una palabra: es una declaración. No me corresponde sentir nada. No debería.
Ronan se aclara la garganta, como si también necesitara romper algo invisible.
—Debería irme —dice—. Tengo que ponerme al día con asuntos del trabajo.
Asiento, aunque una parte de mí se resiste sin saber por qué.
—Mañana, si te animas, puedo llevarte a recorrer los terrenos… y el pueblo. Sin encuentros forzados. Solo para que veas la manada, para que descanses un poco mejor. Quizá te ayude a decidir si quieres quedarte.
Hace una pausa. Su voz baja apenas un tono.
—Espero que sí. Pero la decisión es tuya.
Me suelta por completo. El vacío que deja es inmediato, casi físico. Camina hacia la puerta, se detiene, me mira una última vez y me regala esa sonrisa peligrosa, la de los hoyuelos profundos que no debería afectarme… y aun así lo hacen.
La puerta se cierra.
Exhalo.
El silencio regresa, pero no es el mismo. La visita de Cristina se desliza de nuevo en mi mente como una espina. Ronan prometió que estaría a salvo aquí, y aun así alguien supo encontrarme. Alguien que claramente siente algo por él. Tal vez solo lealtad. Tal vez algo más. No es asunto mío.
Y aun así… la decepción se instala.
Tomo el bloc y camino hacia la cama. Todavía me sorprende lo cómoda que es, como si el colchón hubiera aprendido la forma de mi cuerpo. Me siento y empiezo una lista. Siempre me gustaron las listas. Poner el caos en filas ordenadas me daba una ilusión de control.
Razones para quedarme:
—Ronan me mantiene a salvo.
—Pastel.
Garabateo esa última palabra y, sin querer, sonrío.
Razones para irme:
—Mi presencia podría poner a esta manada en peligro.
—Si descubren quién soy…
—Si mis captores, o la red, o el alcaide llegan hasta aquí…
Cierro el bloc con un suspiro y lo dejo en la mesita. Tomo el teléfono nuevo. Releo los mensajes de Ronan. Acaba de irse, y aun así siento un tirón extraño, una nostalgia anticipada.
Aramana, si puedes oírme… deberías salir. Creo que te gustaría Ronan. Es un alfa distinto. Cuida. Protege. Y sí… se te haría la boca agua con solo mirarlo.
No mentí cuando escribí que Ryker, Carson y Kai son guapos. Pero omití lo esencial. ¿Cómo iba a decirle al alfa que me resulta… irresistible?
“Atractivo” no alcanza. No roza siquiera la superficie.
Con solo mirarlo, algo en mi vientre despierta. Con olerlo… el calor se enciende sin pedir permiso. Y el comentario sobre su barba— sonrío— con o sin ella sería devastador. Aun así, tengo curiosidad por mañana.
El pulso bajo mi piel cambia. Una presión lenta, insistente, se acumula entre mis muslos. Me tenso. Pasar de no sentir nada a sentir demasiado varias veces al día es abrumador. Incómodo. Frustrante.
Necesito agua.
Entro al baño y lleno la bañera. Activo los chorros. El sonido del jacuzzi llenando el espacio es casi hipnótico. Me despojo de la ropa y me deslizo dentro con cuidado. El calor me envuelve y, sin querer, un gemido bajo se escapa de mis labios.
Me sobresalto.
Hace tanto que no me oía.
Cierro los ojos. El vapor me cubre el rostro y, sin permiso, mi mente vuelve a Ronan. No hace falta mucho. Los hoyuelos. El cabello oscuro. La solidez de su cuerpo cuando me sostuvo. Ese beso que fue inocente… y aun así incendió algo.
Mi respiración se vuelve más profunda. Me veo hundiendo el rostro en su pecho, aspirando su aroma a bosque y pino. Mis muslos se rozan, buscando fricción, alivio… y no lo encuentran.
La necesidad crece. No es desesperada. Es hambre.
Mi mano baja despacio por mi abdomen, siguiendo el calor, explorando con cuidado, como si estuviera aprendiendo un territorio nuevo. El agua y las burbujas me ocultan, me protegen. Mi cuerpo responde con un estremecimiento lento, prolongado.
En mi mente, Ronan inclina la cabeza. Su boca desciende, lenta, deliberada. No invade. Explora. Mi piel recuerda lo que mi razón intenta olvidar. El pulso se acelera. Mi cadera se mueve apenas, siguiendo un ritmo que no planeé.
El chorro de agua vibra cerca, constante, y mi cuerpo reacciona con una urgencia que ya no puedo ignorar. Me acerco más, dejo que la sensación se intensifique. El placer se construye despacio, como una tormenta que promete romper.
Necesito soltar.
Necesito que sea mío.
Mi control. Mi decisión.
El clímax llega en oleadas contenidas, silenciosas, profundas. Me aferro al borde de la bañera mientras mi cuerpo tiembla, liberando todo lo que llevaba años reprimido.
Cuando todo se calma, respiro hondo. El vapor empaña mis pensamientos. Me dejo caer contra la porcelana, exhausta… saciada.
Una sonrisa cansada aparece.
Definitivamente, esta bañera es mi aliada.
Cierro los ojos, dejando que el agua tibia me sostenga. Entonces lo siento. Un roce distinto. No físico. Mental. Suave. Casi tímido.
Una onda lenta golpea mi barrera mental.
Parpadeo.
—¿Selene…? —susurro—. ¿Eres tú?
El silencio responde… pero ya no está vacío.
Algo, muy adentro, despierta.