Me abracé a mí misma, mientras caminaba por la arena en busca de Seth. El mar estaba furioso, pues aunque me encontraba lo suficientemente lejos, las olas aún mojaban mis zapatos. La lluvia aún continuaba arremetiendo sin piedad, pero seguí adelante. No sabía por qué, pero sentía que él estaba por aquí. —¡Seth! —le grité, sin obtener respuesta. A este punto estaba completamente empapada y no dejaba de titiritar. Pero sonreí al ver a un chico sentado en la arena a unos metros adelante. Mantenía su cabeza en medio de sus rodillas y sus hombros subían y bajaban rápidamente. Mi corazón se convirtió en polvo al verlo tan devastado. Corrí hacia él y me arrodillé a su lado. Tomé sus manos y las apreté con fuerza. Él elevó su mirada, sus ojos se encontraban hinchados, mientras que sus lágrim

