No sabía si odiarlo, golpearlo, o simplemente hacer lo que él estaba haciendo: fingir que no había pasado nada y soportar a que volviera a ignorarme. Pero lo cierto es que desde que recordé ese mágico momento, no había vuelto a dormir bien, soñaba con Seth... deseaba tanto volver a sentir sus labios sobre los míos y sus manos en mi piel, que incluso esta comenzaba a quemarme. Aunque había ocasiones en las que comenzaba a temer de toda esa locura en la que ahora se basaba mi vida, pues una noche cuando desperté diciendo su nombre, me pareció ver una sombra negra desaparecer por mi ventana. ¿Ese idiota que no dejaba de mandarme mensajes en serio se metía a mi habitación? En serio estaba comenzando a asustarme y me había decidido contarle a mi madre. Pero no ahora... ahora me encontraba

