No podía dejar de sonreír. Seth continuaba ahí y yo con mucho gusto podría pasar toda la noche escuchándolo. Cerré los ojos, aún sin poder creérmelo. Hasta que mamá llamó a mi puerta. —¡Zoe Adams! Has algo con ese chico o llamaré a la policía —dijo muy molesta sin dejar de tocar la puerta. Salté de la cama y abrí la puerta, mi madre estaba recostada al marco de ésta con una sonrisa traviesa surcando sus enormes labios. Me guiñó un ojo y se hizo a un lado. —La vida es para correr riesgos, cometer errores y aprender de ellos. Así que ve y arriésgate mi amor —me envolvió en un abrazo y sonreí-. Siempre estaré aquí para secar tus lágrimas —me susurró. —Te amo, ma. —Y yo a ti, mi dulce nena. La dejé ahí y prácticamente corrí hacia la puerta. Cuando salí al exterior, una fría corriente d

