Iyali cerró los ojos cuando escuchó la voz de su hermano entrar a su oficina sin que fuera anunciado, ¿Pero qué quería? Últimamente verlo era una agonía, era como si no hubiese hecho nada y ahora su recompensa era la familia feliz.
Ingresó, evidentemente molesto.
―¿Se te ofrece algo?―inquirió Iyali cerrando las carpetas que tenía en el escritorio.
―¿Desde cuándo sales con Soy? ―directo, siempre haciendo un circo de algo pequeño.
―Espera ―se inclinó, viéndolo―. Vienes a interrumpir en mi oficina, con gritos, sin pedir permiso ¿Y me sueltas algo personal?
―Ah, personal ―sotló una risa ronca―. Solo estabas esperando un momento para lanzarte hacia ella, ¿No?
―Mira, a diferencia de ti, yo no me lancé sobre Zoy ―Iyali levantó el tono de su voz, ya molesto del comportamiento de su hermano. Sí, había tenido herramientas para herirlo, pero hoy no―. Solo somos amigos, así que, duerme de una vez por todas.
―Tú no te quedas con algo pequeño, siempre vas por más ―no le creyó―. ¿Ya te acostaste con ella? ¿Ya le pediste matrimonio?
―¡Lárgate de aquí, infeliz! ―gritó molesto, enfurecido―. No puedes venir aquí a hablar mal de aquella mujer que solo ha hecho amarte.
Napoleón parpadeó y su rostro se relajó considerablemente. No dijo adiós, él solo se fue de ahí, molesto.
Iyali jadeo, y volvió abrir las carpetas que había recolectado en los últimos días, todo con el nombre de su hermano, su padre le había encomendado que investigara, aunque eso solo lo había llevado a lugares que no toleraba.
Cerró los ojos recordando aquel lugar, había ido junto a Oliver y ambos habían tratado de ir vestidos lo menos llamativo posible, hasta gorros de lana se habían puesto.
Entraron a un bar que estaba en la avenida Junin, pidieron una Pilsen y se miraron.
―¿Crees qué piense que eres Napoleón?
―El cincuenta por ciento del tiempo están drogados, así que, sí.
―Espero que esto sea mentira, Napoleón no pudo...
―Aunque no lo creas, yo también rezo para que todo sea mentira.
―¡Bolívar! ―gritó un hombre, riendo, dándole un golpe a Iyali, él tuvo que sacar fuerza de donde no lo tenía, para poder mirarlo, y una sonrisa totalmente falsa bailara en sus labios.
―Napoleón.
―Lo que sea, tienes nombre de ¿Liberador?
―Un poco de historia no viene mal ―bromeó.
―¿Qué haces aquí? ―inquirió el hombre viéndolo―. Hace años tuviste un accidente, te busqué pero no me recordabas.
―Una mierda ese accidente ―Iyali fingió―. Pero, ahora vienen recuerdos y estoy aquí.
―¿Otro préstamo? ¿Qué vas a dejar ahora, tu nueva esposa? ―alrededor soltaron una carcajada.
―No, más bien un local.
Sonrieron y lo hicieron avanzar, lo bueno es que lo dejaron pasar con Oliver, ambos se sentaron al instante llegaron dos hombres más.
—Napoleón, ¿Qué haces aquí? Creí que estuvieras regenerado —dijo, sonriendo uno de los hombres.
—Ni el diablo se regenera —murmuró el gordo viéndolo mal—. ¿Qué quieres aquí? Contigo ya hemos tenido problemas.
—Pero...
—Mira, estuvo por aquí la policía, registraron todo por tu culpa, pero la dejamos pasar porque fuiste uno de nosotros, o ¿eres? —repitió el hombre de camisa de cuadros—. Pero si vamos a volver a trabajar, no será con tus términos. ¿Qué quieres, volver a robarte a ti mismo? ¿vender más drogas? ¿Qué necesitas para salir de la desesperación?
(***)
—Todo está bien con el bebé, no tienen por qué preocuparse —Napoleón soltó el aire contenido y miró a Zoy que tenía las mejillas bañadas en lágrimas, lo había llamado diciéndole que le dolía mucho el vientre y tuvo tanto miedo, Amanda estaba a su lado y preocupada, pero solo fue un susto. Nada más.
En poco tiempo llegaría Cristóbal Ocampos Soto, en poco tiempo lo tendría en sus brazos para no soltarlo nunca más.
Miró a Zoy que sonreía acariciando su barriguita, la vio brillar, la vio más hermosa y le dolió tanto, le dolía no poder compartir su felicidad a su lado. Haber estado cuando Cristóbal empezó a patear, los malestares matutinos, los antojos y el solo acostarse y sonreír mientras hablan sobre la decoración de su habitación. Nada de eso había sucedido, y en su lugar sus amigos y hermanos habían estado.
Él se acercó para ayudarla a bajarla y Zoy con una sonrisa forzada lo agradeció.
— ¿Zoy? —la aludida se giró y sonrió al ver a sus dos amigos de pie y tensos, Franco e Iyali, al último más nervioso incluso. La joven no esperó y se acercó abrazándolos, pero fue retenida por más tiempo en los brazos de Iyali, el hombre la sujetó con fuerza y lo escuchó soltar el aire contenido.
—Creí por un momento que Iyali pequeño vendría ya.
Napoleón sintió el estómago revolverse al ver aquel hombre abrazar a Zoy con recelo, como si su exesposa fue ahora su gran amor. Pero lo que más le molestó fue la forma en como llamó a su hijo, dio un paso hacia adelante encontrándose con los ojos oscuros del hombre.
—Cristóbal, su nombre es Cristóbal y me gustaría mucho que no intentaras cambiarle el nombre a mi hijo —escupió con recelo y Amanda apretó los labios, se disculpó saliendo de ahí y Franco la siguió, Zoy se soltó tratando de calmar a Napoleón porque conocía su carácter—. No tienes derecho de estar aquí, con mi mujer y mi hijo.
— ¿Tu mujer? Napoleón cálmate, y ve tras tu esposa.
—Vienes aquí golpeándote el pecho cuando tienes escasos derechos —Iyali lo enfrentó—. Sé que es tu bebé, sé que se llamará Cristóbal, pero hay un pequeño error aquí, Zoy no es tu mujer, tu esposa salió corriendo de aquí cuando te vio reclamando a una mujer libre.
— ¿Quién te crees que eres? —Napoleón masculló apretando los puños dando un paso hacia adelante—. ¿Es tu novio, Zoy? ¿El remplazo de papá para mi hijo?
Napoleón no continuó porque Zoy le volteó el rostro en una cachetada, la joven con una mirada le pidió a Iyali que saliera de ahí y a duras penas lo hizo. El mayor apretó la quijada y la miro fijamente, ambos serios y enfurecidos, ambos fueras de sí.
—Olvídame ya Napoleón, otra persona ya está en mi vida —mintió viendo como los ojos de Napoleón se aguadaron—. Esperé mucho por ti y cometí un error grabe, no me arrepiento porque en poco tiempo tendré a mi pequeñito aquí, pero el hombre que tanto amé ya está casado con una mujer grandiosa. Este tren ya partió y es mejor así, es mejor cada uno tomar un camino diferente.
—Mientes. Mientes y vuelves a mentir, ¡Yo te amo!
—No es cierto, tú no me amas —Zoy se acercó pasando sus dedos por su rostro, Napoleón dejó de respirar y se fijó en las pequeñas pequitas que tenía la muchacha—. Tú solo me deseas, solo quieres marca un terreno, pero a quien amas es a Amanda, he visto como la miras, como sonríes y tus ojos brillan. ¿No te has dado cuenta? Tal vez por eso permití que pasara eso entre los dos, tal vez porque quería que me amaras. Por eso esa noche te dije; ámame un día más, Napoleón. Porque hasta yo sabía que ya no me amabas, que nunca volverías amarme.
—Zoy —ella negó poniéndose de puntillas para dejar un corto beso en sus labios, uno tan suave que terminó por cerrar aquel ciclo que tanto daño le había hecho. Aclaró su garganta, y ambos se miraron a los ojos—. Perdóname.
—La vida es así, injusta y cruel. Me arrancó de mis brazos al hombre que amé con toda mi alma y él jamás volvió, yo sola me lastimé y esperé que tus recuerdos volvieran —Napoleón no dejó de verla, pero se sintió miserable al verla llorar, sufrir—, y cuando volvieron tú estabas confundido, porque estaban ahí, pero el amor ya no. No la pierdas, ella te ama y estará ahí para volver a sacarte de la oscuridad.
Zoy lentamente soltó su mano, sus dedos se rozaron y miles de recuerdos explotaron. La joven salió de ahí, tapando su boca para ahogar su llanto.
—Ay, Napoleón —la joven se recostó en la puerta del baño y cerró con fuerza los ojos—. Es muy tarde y no puedo negarte que me muero, pero no puedo seguir lastimándome. Soñaré contigo, y recordaré que duermas en brazos de otra mujer, ¿algún día se irá este dolor? Ahora el dolor es tan intenso, porque te amo y porque tú la amas a ella. Siempre supe que la amabas, siempre lo supe y cerré los ojos para no sufrir más.
—Vamos nena, no llores —Iyali tomó su rostro entre sus manos y lo rompió verla así, la pegó a su pecho y Zoy se sacudió soltando todo el dolor que sentía, lloró por minutos, por horas hasta que ya no tuvo que soltar. Sus ojos estaban rojos e hinchados y probablemente su corazón estaba roto otra vez.
— ¿Qué hago con todo el amor que tengo para él?
—Dárselo a otro —susurró bajito ayudándola a salir de ahí, Franco no preguntó, pero le dolió tanto verla así.
Ese fin de semana no salió, solo durmió y comió, sus hermanos acudieron e incluso sus padres de los cuales no sabía nada hace mucho, no los recibió y eso les lastimó, al único que dejó pasar fue a Nikita y Jorge se sintió mal porque su melliza lo rechazaba, y lo entendía. Todos habían sido muy crueles con la princesa de la casa, y es que tenían tanto miedo a que le rompieran el corazón; que su propia familia terminó lastimándola.
—Cristo pronto llegará, y él andará por acá —Niklas abrazó a su hermanita pasando sus manos callosas por el vientre de la joven, viendo como su sobrino pateaba y Zoy sonreía—. Debes ser lo suficiente fuerte para ver al hombre que amas aquí con su esposa, y esto no será por meses, será por años. Ahora ambos están unidos por el bebé.
Zoy abrió los ojos de golpe ante aquel sueño que había tenido, ¿Qué estaba pasando? Ella, pasó sus manos por su vientre, confundida, pero ahí no había nada, hace años que no lo hubo. ¿por qué se sentía tan desesperada, ansiosa con tristeza?
Antes de dormir, revisó su celular encontrándose con un mensaje de Iyali.
¿Podemos hablar? Es algo delicado.
I.O