Al escuchar a mi hermana sufrir mi corazón dolió con tanta fuerza que incluso me tambalee levemente lo cual me hizo tomar la perilla de la puerta para estabilizarme un poco. - ¿Nosotros somos los causantes de que ella este sufriendo? - La voz de Joseph estaba entrecortada, sabía que él se sentía igual que yo. -No… Es nuestro padre. - Dije y abrí la puerta para entrar a la habitación de mi hermana a quien encontré llorando en el suelo recargando su cabeza en un borde de la cama. Caminé de prisa y la cargué para después sentarla en la cama con mucho cuidado. - ¿Qué… que haces aquí? - Dijo mi hermana cubriendo su rostro con sus manos para que no le viera. -Sabemos lo que pasa. - Joseph cerró la puerta tras de si y se sentó en una mesita de noche. - ¿A qué se refieren? - Isabella levantó

