Estela bajó el visor del auto y se puso a observarlos en el espejo, simulando maquillarse, algo que jamás hacía y menos con gente, con morbosa inquietud y malos pensamientos. Ambos veían hacia la derecha. Anne aun mordisqueaba su dedo. Subió el visor y se volteó hacia ellos. “¡Cuéntenme chicos!”, comenzó, “¿Qué ha habido por el pueblo?”. Su hermana y su padre contaron meras intrascendencias ante la ausencia de eventos relevantes en su círculo de familiares y amigos. Anne platicó sobre la “aburrida” junta de la semana anterior, de sus idas al rancho, y de un par de bodas a las que fueron. “¡Ay Anne!, ¡a veces no sé si decirte mami! ¡andas con papi en todo!”, dijo Estela. “¡Como lo cuidas! ¡Qué bien lo tienes sis!”. Anne ni sospechaba lo que seguiría en el hotel cuando estuvieran a solas

