El ascensor descendía con una irritante lentitud, como si sintiera la incomodidad de sus ocupantes y quisiera prolongarla por puro sadismo, al interior nadie hablaba, y el silencio se sentía denso, apenas quebrado por el zumbido del sistema eléctrico y el leve golpeteo del tacón de Leigh Anne contra el suelo, Haydeé mantenía la vista clavada en los números que descendían en la pantalla digital, deseando que cada piso fuera el último, mientras su padre lanzaba miradas furtivas, pero nada discretas, a Lennox.
Él, por su parte, intentaba parecer relajado, pero sus dedos tamborileaban contra su muslo con un ritmo nervioso y su sonrisa, usualmente descarada, ahora parecía pegada con cinta invisible, sostenida a duras penas, el juicio silencioso de Leigh Anne era tan palpable que casi podía oírse, en tanto Alton mantenía los labios apretados, los brazos cruzados y la mandíbula tensa, recordándole su desaprobación.
Lennox se lo imaginó pensando en cien formas diferentes de hacerle una auditoría existencial, a cada mirada del hombre, él solo atinaba a devolverle una sonrisa ladeada, esa que usaba cuando no tenía más defensa que el humor seco, hasta que finalmente las puertas se abrieron en la planta baja, el aire fresco de la calle se colo por la puerta de cristal totalmente abierta, desgraciadamente no ayudó a aliviar el ambiente, al contrario, la tensión se estiró como una cuerda a punto de romperse cuando los cuatro salieron del edificio recordándoles lo diferentes que eran.
Estacionado justo frente a la banqueta, como una postal de lujo se encontraba un impecable Rolls-Royce Phantom n***o, reluciente e inmaculado, casi como recién salido de la agencia, acompañado por el imperturbable chofer que ya los esperaba de pie, con su uniforme perfecto, manos cruzadas frente al cuerpo y la puerta trasera abierta de par en par, el pobre Lennox sintió cómo se le secaba la garganta, sabía que Haydeé tenía dinero pero ese vehículo gritaba tarjeta negra con crédito ilimitado a los cuatro vientos y de manera muy contundente, y no es que él fuera experto en vehículos de alta gama, lo sabía gracias a T y su afición por los automóviles.
- Wow- murmuró con una sonrisa tensa- nunca había visto uno igual.
Un comentario que no le agradó a Leigh Anne, pues solo reafirmaba la diferencia económica entre ese hombre y su hija, algo que detestaba con toda su alma.
- Evidentemente!- y ya no pudo evitar responder con toda la ironía y molestia que había estado guardando.
- Leigh- la reprendió Alton con suavidad, sin embargo, eso no evitó que Haydeé la mirase con reproche aunque su rostro era una mezcla de pánico silencioso y arrepentimiento.
Justo en ese momento el plan de su tía parecía aún más sensato comparado con esto, fingir una mala cita, un escándalo discreto, una escena controlada, pero no, ella había querido actuar sola y ahí estaba, yendo hacia un desayuno elegante con un novio improvisado, padres que olían mentiras como sabuesos, y un hombre que había salido con el cabello aún húmedo y la playera apenas estirada.
Leigh Anne, no respondió nada y se subió de inmediato con la gracia de quien flota en lugar de caminar, y Alton la siguió, murmurando algo al chófer mientras Haydeé se volvió hacia Lennox.
- Tú..... solo no digas nada innecesario- suplicó en voz baja- y estaremos bien!!
- Yo nací diciendo cosas innecesarias- replicó él, pero luego suspiró al ver el pánico apoderarse de Haydeé- tú tranquila, ya estamos metidos hasta el cuello y lo mejor es disfrutar el desayuno de los condenados.
Ella se mordió el labio, conteniendo una risa nerviosa que no llegó a nacer, y de inmediato ambos subieron al coche, Lennox fue obligado a subir al asiento del copiloto, junto al chófer impecablemente uniformado que apenas le dirigió una mirada cuando se sentó, y desde ahí, podía ver a través del espejo retrovisor las miradas constantes de Leigh Anne, como si evaluara cada fibra de su nuca, y el rostro serio de Alton que parecía tallado en granito, mientras Haydeé tuvo la desgracia de sentarse a su lado, consciente de que sus padres no querían hacer nada por aligerar la creciente tensión.
Y así inició el tortuoso trayecto, nadie dijo nada y solo se escuchaban las pesadas y rítmicas respiraciones de los pasajeros, en tanto la pobre Haydeé se mordia los labios con insistencia, cambiando de postura a cada minuto como si intentara borrar su existencia con movimientos mínimos, sin dejar de observar discretamente la aparente calma de Lennox, quien veía a través de la ventanilla como el Rolls-Royce abandonó las calles grises de su zona residencial, atravesando los límites invisibles que separaban la clase media del mundo en el que la joven había crecido.
Los edificios se volvieron más esbeltos, las aceras más anchas, las vitrinas más brillantes, y en cuestión de minutos, se adentraron en una zona donde cada esquina ostentaba un restaurante con, por lo menos, una estrella Michelin y fachadas tan refinadas que Lennox no sabía si eran negocios o exposiciones de arte moderno.
- Genial...- murmuró, bajando la mirada- ahí se van los ahorros del mes- e instintivamente, apretó su cartera a través del bolsillo interno de su chaqueta, que apenas había logrado abotonarse antes de salir.
No es que esperara pagar, pero solo estar ahí lo hacía sentirse caro, como si incluso respirar costara por minuto, y apenas tuvo tiempo de soltar un resoplido, cuando el vehículo comenzó a descender la velocidad, lo suficiente para estacionarse con mucha suavidad frente a un restaurante discreto y exquisitamente diseñado, con jardineras mínimas, fachada de piedra clara y cortinas de lino en las ventanas, no había rótulos, solo un nombre grabado en letras minúsculas en una placa de latón: Maison de Verre.
Y en el acto Lennox reaccionó, más por instinto que por consciencia, bajándose rápidamente para abrirle la puerta a Haydeé, extendiendo la mano como si fuera un gesto natural y por un instante, lo fue, la joven parpadeó sorprendida, aceptando su ayuda con una leve sonrisa, mientras del interior del auto Leigh Anne lo observaba como si acabara de ver a un gato servir el té.
Y aunque Lennox le ofreció la mano, la elegante y orgullosa mujer bajó del auto apenas rozando los dedos del hombre, sin pronunciar palabra, acomodando su abrigo de forma impecable, Alton la escoltó sin emitir juicio alguno, caminando con ella hacia la entrada del restaurante, Haydeé apenas volvió a mirar a su acompañante, quien a pesar de todo, continuaba sonriente e involuntariamente lo tomó del brazo con un agarre firme.
- No tengo dinero para esto- murmuró él, medio en broma, medio en pánico- dime que al menos tienen pan gratis, mucho pan gratis.
- No te preocupes por eso, te lo devolveré- susurró ella entre dientes, mientras lo jalaba con urgencia- solo no me dejes sola con ellos, por favor.
- Eso suena peligrosamente parecido a una promesa de esclavitud emocional- replicó, pero siguió caminando con ella.
- Lennox...
- Está bien, está bien, vamos virtuosa del tormento- y extrañamente, el que le hablara de esa manera la tranquilizó un poco, como si el hecho de que usara su apodo la devolviera a una rutina bien conocida.
La extraña pareja no demoró en entrar al restaurante, en donde una sinfonía suave de cuerdas envolvía el aire, el aroma a pan horneado y a trufas flotaba con arrogancia desde la cocina, mientras Leigh Anne seguía en su intención de ni siquiera mirar a Lennox cuando se detuvo junto a ella; afortunadamente él, aún con el brazo de Haydeé enredado al suyo, solo podia pensar en si no moríria de un infarto por el menú, ignorando completamente los conscientes desaires de aquella mujer.
El maître los recibió con una sonrisa medida, de esas que no llegan a los ojos, aunque la familia ya era bien conocida, y sus ojos irremediablemente se detuvieron en Lennox, evaluándolo de arriba abajo con un gesto de desagrado y asco apenas contenido, el recorrido visual se detuvo en las botas de construcción, subió por el pantalón de mezclilla y se atoró en la playera blanca, que ni siquiera el saco improvisado lograba disimular del todo.
- Señor Alton, señora Leigh Anne- saludó con deferencia- su mesa está lista, como siempre, pero.....- y su tono cambió sutilmente mientras sus ojos se posaban sobre Lennox con fingida cortesía- debo recordar amablemente que nuestro restaurante mantiene un código de etiqueta.
El hombre se giró y, con precisión casi teatral, abrió una pequeña puerta de madera que se mimetizaba con la pared, de la cual sacó de un perchero oculto un saco gris oscuro, evidentemente delgado, de cortes ajustados pero claramente costoso, demasiado formal y levemente pequeño para alguien con el físico de Lennox, y lo sostuvo con ambas manos como si ofreciera una reliquia intocable.
- Por consideración a la familia, haremos una excepción- dijo con voz suave, aunque cargada de juicio- sin embargo, le agradeceremos que utilice esta prenda mientras permanezca en el establecimiento, comprendemos que pueda resultar algo discordante con su....estilo- e hizo una ligera pausa, elegante pero evidentemente agresiva- pero es lo mínimo requerido.
Lennox no respondió de inmediato, entendía el desaire de los padres de la joven pero el de un empleado que, seguramente, ganaba en una semana lo que él en una noche, era ya demasiado, e instintivamente su mirada se desvió hacia Haydeé, quien ya lo estaba observando con una súplica muda en los ojos, con los labios entreabiertos como si pudiera detener la frase sarcástica que estaba a punto de soltar, y en efecto, la frase murió antes de nacer.
- Encantador- murmuró él, tomando el saco con resignación, y luego se lo puso sin demasiada ceremonia, el ajuste era ceñido, algo corto en las mangas, y el color no combinaba con absolutamente nada de lo que llevaba puesto, pero al menos no tenía bordado el nombre del lugar en letras doradas.
El maître, sin dejar de sonreír, extendió la mano para recibir la chaqueta de Lennox, pero lo hizo con los dedos apenas tocando la tela, como si manipulara una prenda olvidada por un vagabundo o como si esperara que cayera un insecto de uno de los bolsillos, y desapareció con ella hacia el guardarropa, con la dignidad de un médico cargando una prenda radioactiva.
En ese momento, la hostess se acercó, con una sonrisa pulida y una inclinación precisa de cabeza, indicó la dirección con la palma extendida, guiándolos a través del salón, que parecía más una galería de arte culinario que un restaurante, el trayecto hacia la mesa no fue mejor, se sintió como caminar en una exhibición de fenómenos pues cada mesa por la que pasaban parecía ralentizar su conversación, las miradas de reojo, los gestos sutiles y los susurros imperceptibles les hicieron saber lo mucho que llamaban la atención y no de buena manera.
Afortunadamente, la mesa asignada estaba al fondo del restaurante, en un rincón apartado, con vista a un jardín interior decorado con esculturas minimalistas y lámparas suspendidas de cristal esmerilado, Leigh Anne se acomodó con gracia, cruzando las piernas con precisión y deslizándose sobre el asiento de terciopelo gris como si fuera parte del decorado, Alton se sentó a su lado, erguido, aún sin decir mucho, mientras Haydeé guió a Lennox con una mano discreta en la espalda, como si aún pudiera moldear la escena a su favor.
- Ni una palabra- le susurró ella antes de que se sentaran.
- Pero si no he dicho nada- replicó él, acercándole la silla como un caballero y con una sonrisa que apenas escondía el fastidio, notando que la mesa tenía más piezas que las herramientas en su caja de trabajo.
Y lo peor, pensó, aún no empezaba, el desayuno solo era un pretexto para poder seguir juzgando el pésimo partido que era para alguien como Haydeé, y si bien era parte del plan, eso no implicaba que no se sintiera incómodo o menospreciado y sin necesidad.
- Bienvenidos- una mesurada voz masculina los hizo voltear mientras les ofrecía el elegante menú en una carpeta negra con letras diminutas, en color plata con el nombre del restaurante en la parte inferior derecha.
Lennox tomó la carta de cuero con bordes plateados que el mesero le entregó con una reverencia casi religiosa, y hasta en eso se notaba el buen gusto y refinamiento, pues los platillos ofrecidos estaban meticulosamente condensados en un par de páginas, pero eso no hizo más que agravar la incomodidad de Lennox, quién rápidamente revisó el menú sin reconocer ni la mitad de los nombres, las palabras estaban en francés, italiano o, peor aún, en esa jerga culinaria que parecía una burla: “espuma de trufa negra sobre emulsión de albahaca thai”, “huevos pochados en reducción de champán rosé con polvo de oro comestible”, “pan brioche de masa madre con confitura de pétalos de rosa silvestre”, y lo peor, junto a cada plato, un número con suficientes ceros como para dejarlo temblando, todo era ridículamente costoso, incluso un simple café se salía de su presupuesto mensual planeado con suma precisión.
No importó cuántas veces revisó el menú, ahí no había nada que pudiera permitirse, ni un jugo, un café o un té, todo era tan costoso que parecía salido de la costosa cocina de un palacio, el pobre hombre tragó saliva mientras su dedo se deslizó lentamente hacia la parte inferior de la carta, donde intentaba encontrar algo que se pareciera remotamente a un desayuno normal, huevos revueltos, pan tostado, jugo de naranja, algo, sin embargo no tuvo oportunidad.
- Trae el desayuno de la casa para todos, Jonah- ordenó Leigh Anne sin levantar la vista de la carta, que apenas hojeó, y su tono fue elegante, neutral, pero con esa firmeza que no admitía oposición.
- Oui, Madame- respondió el mesero, inclinándose.
Lennox volvió a mirar rápidamente la carta solo por impulso antes de entregársela al mesero, leyendo el precio del “Petit Déjeuner Maison”, y el estómago prácticamente se le salió por la garganta, mientras mentalmente hacia cuentas de la factura total del desayuno, lo que sumaba más de un mes y medio de renta, e instintivamente parpadeó, sintiendo que su cartera se encogía sola, suplicando por misericordia.
- Relájate- susurró Haydeé al notar el temblor en su mandíbula.
Pero no podía hacerlo, no cuando incluso respirar parecía entrar en la cuenta, y aunque trataba de parecer sereno, estaba a nada de revelar la verdad si con eso salvaba sus ahorros, afortunadamente para Haydeé el desayuno no tardó en llegar, luciendo más como una obra de arte que como comida, cada servicio estaba colocado en una charola de plata con huevos orgánicos pochados sobre tostadas de pan de nuez con foie gras, acompañados de láminas de trufa negra, perlas de caviar, una porción de frutas exóticas dispuestas como si hubiesen sido seleccionadas con pinzas por ángeles, que incluían higos frescos turcos, frambuesas doradas, kiwi zespri, uvas ruby roman, acompañadas de coulis de maracuyá, yogur griego y flores comestibles, con un toque de vainilla de Madagascar; y por supuesto jugo imperial de oro tropical, cuyos ingredientes eran exóticas frutas, prácticamente escasas y de alto valor como la piña rosa, cerezas japonesas, frambuesas doradas, mango Miyazaki, arándanos silvestres canadienses, yuzu fresco y naranja dekopon para aligerar, servido en copas de cristal delgadísimo.
Y por si no fuera suficiente, un café etíope servido en una cafetera individual de porcelana japonesa, con cremera dispuesta con una elegante crema francesa de avellana tostada y vainilla de Tahití, una mezcla aterciopelada y ligeramente dulce, con notas tostadas y florales.
- Espero que esto esté a la altura de tu apetito, princesa- comentó Leigh Anne mientras se acomodaba la servilleta de lino sobre las piernas con un gesto lento, pero perfectamente medido- aunque imagino que tu.... acompañante....está más acostumbrado a desayunos menos ornamentales.
- Depende- respondió Lennox con una sonrisa ladeada mientras removía el café- a veces desayuno un buen café con una dotación de donas de la cafetería de la esquina que me alcanza para todo el día!
El silencio que siguió fue demasiado espeso, evidentemente Leigh Anne no esperaba algo diferente, pero tener que escucharlo era el recordatorio de la inadecuada elección de su hija, Alton por su parte, se aclaró la garganta, girando ligeramente la taza de café entre sus dedos.
- Y bien, Lennox...qué puedes contarnos de ti?, dónde creciste?
- Aquí mismo, en la ciudad- respondió sin alardes- mis padres fallecieron hace algunos años y desde entonces me criaron mis tíos hasta que pude mantenerme solo, el departamento donde vivo les pertenecía a ellos, pero ahora viven en una casa de reposo a las afueras de la ciudad- Leigh Anne no hizo ningún gesto de compasión, al contrario, ladeó la cabeza con fingido interés.
- Oh.... qué historia tan....conmovedora y ahora diriges una empresa, no es así?
- Estamos empezando, sí- respondió él, directo- de ciberseguridad, nada glamoroso, pero bastante útil.
- Y cuál es el nombre de la empresa?- intervino Alton, sin dejar de mirarlo con esos ojos que medían el valor de un ser humano como se valora una acción en la bolsa.
- BlackSight, apenas estamos creciendo, no creo que haya oído hablar de ella... todavía.
- Tienen clientes?, contratos con instituciones?- presionó Leigh Anne mientras partía la tostada con una precisión quirúrgica.
Lennox sostuvo su mirada, la mujer preguntaba obviedades, pero con tal elegancia que en verdad parecía una pregunta genuina, por lo que Haydeé le dio una leve patada bajo la mesa que lo hizo sonreír con malicia, pues estaba a punto de soltar uno de sus habituales y sarcásticos comentarios.
- Algunos, nada del nivel del banco central, si es lo que quieres saber- y el que le hablara con tanta confianza no hacía más que aumentar el ya insostenible estado de Leigh Anne, quien le ofreció una sonrisa tan dulce como el veneno.
- Bueno, todos debemos comenzar por algún lado..... aunque no todos deberíamos hacerlo en compañía de mi hija.
- Mamá!!- advirtió Haydeé, con un suspiro de cansancio.
- Solo me interesa saber si estás con alguien que puede ofrecerte estabilidad, nada más- respondió Leigh Anne con tono impecablemente neutro, pero lleno de espinas.
- Y qué hay del amor, mamá?- Haydeé sonrió- después de todo dicen que mueve montañas.
- Sí, también destruye imperios- respondió su madre sin perder la compostura.
Lennox, aún sin saber si reírse o no, volvió a mirar su café, pensando que el único modo de sobrevivir a esa comida, era con cinco tazas más de esa costosa bebida.
- No te preocupes....- dijo finalmente con la taza aún entre los dedos- apenas nos estamos conociendo, no es que vayamos a casarnos mañana- Leigh Anne parpadeó lentamente, como si la sola palabra casarse le provocara migraña, Alton, en cambio, alzó una ceja, ocultando mal el desagrado en su expresión antes de retomar la conversación con un tono más inquisitivo.
- Y cuánto tiempo llevan.... “conociéndose”?, porque por lo que entendí, esto fue bastante repentino- Haydeé entrecerró los ojos un segundo, intentando pensar rápido mientras forzaba una sonrisa.
- Unas semanas....no?- replicó mirando de reojo a Lennox, que simplemente asintió, como si lo tuviera todo bajo control.
- Sí- añadió él- nos cruzamos varias veces en el pasillo, entre gritos y quejas por el volumen de su chelo.
- Y por la música que tú pones!- replicó la joven con una ceja alzada, logrando que ambos sonrieran por el recuerdo de sus constantes peleas.
- Sí, pero de alguna forma eso nos hizo.... hablar más- indicó Lennox con tal cinismo que resultaba encantador- descubrimos que discutimos mejor en persona que por la pared.
- Vaya manera de empezar una relación!!- intervino Leigh Anne, acomodando la servilleta sobre sus piernas cruzadas con una gracia casi teatral- lo curioso es que, cada vez que hablaba con mi hija, lo único que escuchaba eran quejas sobre un vecino grosero, maleducado y absolutamente insufrible.
Haydeé se sonrojó al instante, clavando la mirada en su taza de café como si pudiera desaparecer ahí dentro, desde luego que su madre no iba a dejar pasar la oportunidad de poner en evidencia lo que tantas veces había comentado.
- Bueno.... eso fue antes- musitó la joven con ligereza.
- Es cierto, dicen que del odio al amor hay un paso, no?- exclamó Lennox divertido, mirando a Haydeé con una sonrisa traviesa.
Pero ella solo le lanzó una mirada asesina por debajo de las pestañas, sin poder ocultar del todo la curva nerviosa en sus labios; sin embargo, el ambiente se volvió más espeso por un momento, hasta que poco a poco cada uno de los miembros de la mesa, notaron algo extraño.
Una mirada insistente los estaba atravesando desde el otro lado del salón y no era disimulada, era muy directa y casi evaluadora, como si intentara reconocer a alguien en particular, fue Lennox quien le respondió el gesto instintivamente, pues a él también le resultó extrañamente familiar.
- Esa mujer de allá....- murmuró Alton, entrecerrando los ojos- me parece familiar- replicó golpeando la mesa levemente mientras su memoria recorría los rincones en su mente tratando de darle un nombre a aquella mujer que no dejaba de observarlos- ahhhh, si, es Evelyn Durant, directora general de Forest Golden Group....una verdadera leyenda en los negocios!
Los demás giraron discretamente, y Haydeé alzó una ceja, observando su peculiar estilo que era una mezcla entre sobriedad y detalles pin up.
- La de los lentes de pasta con rayas de tigre?
- La misma- afirmó Alton- nos conocimos en una cumbre de inversión en Viena hace un par de años, es tan meticulosa como influyente....es raro verla aquí sola, no suele moverse sin acompañantes o asesores.
- La conoces?- preguntó Leigh Anne, lanzando una mirada inquisitiva a Lennox al notar que la mujer lo había estado observando directamente a él.
Lennox sintió de inmediato que las miradas en la mesa se volvían hacia él, y por supuesto que la conocia, como podría olvidar a la mujer que prácticamente le ofreció una tarjeta negra con crédito ilimitado para un encuentro más privado y que los persiguió con un fajo suficientemente grande de dinero hasta la salida del estacionamiento, pero esa era una historia que muy seguramente le provocaría un infarto a la madre de su supuesta novia y quizás, era una forma tajante de salir de ese embrollo, sin embargo, sabía que Haydeé no se lo agradecería y aunque no lo pareciera, era un caballero.
- La señora de los lentes?- repitió, como si apenas la estuviera ubicando- no, no la conozco- y su tono era tranquilo, pero su mirada tenía una chispa difícil de leer, y con una sonrisa ladina apoyó la taza con cuidado.
- Pensé que era una de tus clientas- sentenció Leigh Anne con un dejo de burla que no paso desapercibido.
Y a pesar de la sutil intención de la mujer, Lennox sonrió con malicia, pensando en lo irónico de la situación, en realidad podía decirse que sí era una de sus clientas, aunque no necesariamente de la forma en la que Leigh Anne lo insinuaba.
- En mi mundo....cualquiera puede parecerte familiar, las personas se mueven por muchos espacios, a veces donde menos esperas- y sus palabras quedaron flotando un segundo, Haydeé lo miró de reojo con un gesto de alerta, captando inmediatamente el filo sutil de ese comentario, aunque no lo entendió del todo.
Alton, por su parte, ladeó la cabeza, como si intentara descifrar si había más detrás de esa afirmación, Leigh Anne, en cambio, no tardó en apretar los labios con cierta incomodidad, visiblemente irritada por el misterio en las respuestas de Lennox.
- Tu mundo?!- repitió con una sonrisa elegante pero glacial- qué interesante forma de describir tu entorno profesional- una respuesta ante la cual Lennox sonrió.
- Sí, mi mundo- indico con malicia - no es tan glamuroso como este restaurante, pero es igual de impredecible.
- Te refieres al entorno informático?!- replicó Leigh Anne ofuscada por el innecesario misterio en sus palabras.
Y Lennox volvió a sonreír, aunque fue más una carcajada apenas contenida, riéndose del chiste que solo él podía entender.
- Si, justo a ese.... ambiente...
Evelyn, desde su mesa, pareció intuir que se hablaba de ella, y ya había reconocido a Lennox, por supuesto que ese porte y ese cuerpo era algo que no podía olvidar, pero se obligó recoger su copa de agua, girandose hacia la ventana, como si no los hubiera visto nunca.
Lennox, en cambio sonrió mientras negaba con la cabeza, no es que fuera la primera vez que le pasaba, pero le seguía asombrando como las mujeres cambiaban tan drásticamente de papel, fingiendo que nunca lo habían visto o incluso que nunca habían intentado tocarlo con obvias intenciones lascivas.
Pero Leigh Anne no perdió de vista el gesto de ambos, era una mujer lo suficientemente inteligente y bastante observadora para percatarse de cuando algo no andaba del todo bien, y sí era una oportunidad para desenmascarar el absurdo teatro que su hija estaba montando, llegaría hasta el fondo después de todo, no era difícil coincidir con Evelyn, pues se movían en el mismo círculo.
- Tal vez ella fue uno de tus prospectos, comentaste que tu empresa esta en crecimiento, no?!- una sutil y aparentemente inocente pregunta de Leigh Anne.
- Así es, esta en crecimiento aunque nada de lujos ni fuegos artificiales- respondió Lennox, apoyando los brazos en la mesa con naturalidad- y no, ella no fue uno de mis prospectos, es demasiado....importante para mi empresa- indico con burla por la insospechada relación que lo unía a Evelyn- pero todo lo que crece bien, necesita tiempo y no suelo confiar en lo que aparece de la nada.... normalmente se cae igual de rápido.
- Interesante visión- replicó Alton con tono neutro- aunque en el mundo real, a veces no hay tiempo para esperar tanto.
- Por suerte yo trabajo en el mundo digital- respondió el joven sin perder la sonrisa.
Haydeé se llevó la copa de jugo a los labios, intentando ocultar el pequeño gesto de diversión que se le escapó mientras el ceño de su madre se contraía aún más.
- Querida, no me habías dicho que tu.... novio tenía ese tipo de humor- comentó la mujer dejando el tenedor con cuidado sobre el plato de porcelana- tan peculiar.
- Oh, él siempre es así, tiene un humor ácido... es parte del paquete- respondió Haydeé rápidamente, con un tono ligero.
Fue entonces cuando el maître se acercó en silencio, dejando con elegancia una pequeña bandeja con la cuenta, perfectamente doblada dentro de una carpeta de piel con el logo plateado del restaurante, Lennox la miró de reojo y no pudo evitar tragar saliva, ya sabía que comer allí sería caro, pero ver la cifra estampada en ese papel fue como una bofetada con guante blanco.
Y aunque le pesará, al menos debía fingir que tenía la intención de pagar o colaborar con los gastos, así que sin pensar, metió la mano en el bolsillo interior de su saco, tomando su delgada cartera de cuero y, sin mirar directamente a nadie, colocó su tarjeta sobre la bandeja con una mezcla de ansiedad y dignidad.
El gesto fue tan automático, un reflejo de buena educación, que Leigh Anne no pudo evitar soltar un seco bufido, pues obviamente notó el nerviosismo del joven, evidenciando aún más su pauperrima situación económica.
- Por supuesto....- y a pesar de que Lennox la oyó, no hizo el menor movimiento.
Alton, por su parte, tomó la bandeja con calma, hojeó la cuenta con su característica expresión de control y luego deslizó la tarjeta de Lennox hacia él con dos dedos, con un gesto casi imperceptible de cabeza.
- No te preocupes, yo invito- dijo con fingida amabilidad, antes de agregar con un tono condescendiente- no sería justo que gastaras todos tus ahorros en un desayuno, después de todo, fue mi esposa quien tuvo la idea de venir aquí- Lennox alzó las cejas, tomando de vuelta su tarjeta con lentitud.
- Gracias, supongo que esa es tu forma elegante de decirme que parezco el tipo que no puede permitirse un croissant con trufa negra- replicó con un dejo de broma.
Y el silencio se hizo palpable por una milésima de segundo, Leigh Anne lo miró fijamente, sus labios curvándose en una sonrisa helada; mientras Alton simplemente lo observó, sin expresión, dejando a Haydeé al borde del colapso, quien solo atino a soltar una risita contenida.
- Lo dice en broma, siempre es así- aclaró rápidamente, tocándole el brazo a Lennox como quien calma a un perro peligroso- tiene un humor bastante.... único, como ya se habrán dado cuenta!!
- Inolvidable- dijo Leigh Anne, con un toque de veneno en la voz mientras tomaba su bolso.
Lennox se recargó suavemente contra el respaldo de su silla, cruzando las manos frente a sí con aparente serenidad, mientras que entre sonrisas forzadas, tensiones flotantes y sarcasmos cuidadosamente envueltos en buenos modales, la cuenta quedó pagada.
Pero lo realmente caro de ese desayuno aún no se había cobrado.