La puerta se abrió de golpe y Lennox apareció con el ceño fruncido y el torso apenas cubierto con una camiseta de tirantes arrugada como si acabara de ponérsela a medias, tenía el cabello alborotado y una expresión de alarma pintada en el rostro.
- Qué pasó?- preguntó de inmediato, escaneando a Haydeé de pies a cabeza, esperando encontrar sangre o fuego detrás de ella- estás bien?, están matando a alguien?, se incendió el edificio?- ella parpadeó con una sonrisa tensa, aunque demasiado amplia, estirando su rostro.
- No… no, nada de eso..... solo… quería hablar contigo- y obviamente él la miró aún más extrañado, después de todo ellos poco o nada compartían fuera de sus gritos y discusiones.
- Tú querías hablar conmigo?!- repitió lentamente, sin disimular su sospecha- tú?, voluntariamente?- la joven asintió con una rigidez que daba miedo, su columna parecía hecha de concreto y sus manos estaban crispadas a los lados.
- Ajá, hablar.... ya sabes.... como buena vecina- Lennox cruzó los brazos, y con divertida curiosidad se recargo contra su puerta.
- Qué diablos te pasó últimamente?, acaso te caíste de cabeza en la ducha?..... has sido demasiado amable, no me has gritado en dos días, has respetado el trato del chelo, no me has llamado “mapache degenerado”.... o peor, honestamente, estoy preocupado..... estás enferma o simplemente perdiste la razón?
Haydeé solo respiró por la nariz, tratando de calmar los latidos desquiciados de su corazón mientras mantenía esa sonrisa que claramente le hacia doler la cara, pero más el orgullo.
- Estoy bien- aseguró- solo.... pensé que sería bonito invitarte a desayunar, con jugo..... del que te gustó....recuerdas?- una invitación lo suficientemente inusual para despertar más sospechas en Lennox, quien se quedó completamente inmóvil por un segundo antes de mirar a su alrededor, luego al techo y de nuevo a ella.
- Jajaja!!!- soltó sorpresivamente- esto es una cámara escondida?, dónde está la producción?, acaso va a salir alguien con un micrófono y una bocina gigante gritándome “¡caíste!”?
- No seas ridículo- gruñó, perdiendo por un segundo la compostura, aunque volvió rápidamente a su sonrisa de “todo está bien, no tengo ningún plan oculto ni intenciones desesperadas”.
Y de nuevo eso solo aumento cualquier sospecha que el hombre pudiera tener, y ya que no se trataba de una broma debía haber alguna otra razón para su visita, Lennox entornó los ojos, la observó en silencio, con detenimiento, era evidente que analizaba cada gesto, cada parpadeo, cada tic nervioso que ella hacía por contener sus nervios.
Y entonces, su mirada cambió, sus hombros se relajaron, la severidad se convirtió en picardía y una sonrisa lenta, cargada de malicia, se dibujó en su rostro mientras se recargaba más, y con toda la calma del mundo, en su puerta.
- Ajá....- dijo, como si acabara de resolver un crimen- y bien?.... en qué lío te metiste ahora con tus padres? y qué papel brillante te tocó darme esta vez?, hermano perdido?, marido secreto?, embajador internacional de jugos de frutas exóticas?- Haydeé resopló, rendida, ya no tenía caso seguir fingiendo, el maldito mapache había descubierto sus verdaderos motivos así que se cruzó de brazos con resignación y bajó la mirada.
- No es un papel nuevo- murmuró con voz derrotada.
- Sabía que tramabas algo!- exclamó Lennox triunfante, enderezándose y aplaudiendo un par de veces con mucho orgullo- tu comportamiento era tan antinatural que empecé a pensar que ibas a declararte.... o que habías matado a alguien y necesitabas ayuda para esconder el cadáver- la joven levantó la cabeza con una mueca de fastidio y vergüenza mezcladas.
- Puedes dejar de ser tú por un segundo?
- Imposible- respondió él, con una sonrisa amplia y burlona- pero venga, virtuosa del tormento, cuéntame.... qué hiciste ahora que me vas a arrastrar contigo?
Haydeé soltó un largo suspiro, sabía que no había necesidad de rodeos, Lennox no era estúpido y que de alguna forma, ese “sí” que necesitaba arrancarle no iba a ser barato, pero al menos, ya había dado el primer paso.
- Es complicado- admitió con voz tensa.
- Genial- rió Lennox, abriéndole la puerta por completo y haciendo una exagerada reverencia- adoro las complicaciones, adelante, pasa..... esto va a estar bueno.
Ella cerró los ojos con frustración, desgraciadamente no tenía opción y muy a su pesar entró con resignación, y en el fondo con un poquito de esperanza.
Haydeé entró con cautela y miró a su alrededor, deteniéndose justo en el centro de la sala del departamento, levantando el rostro con firmeza, sus ojos, duros y decididos lo buscaron con algo parecido a la determinación, y en su rostro apareció una sonrisa dulce, completamente opuesta al filo que tenían sus palabras.
- Tienes que acompañarme a un desayuno de caridad en el club- soltó de pronto, como si fuera lo más natural del mundo- cmo mi novio.
Lennox parpadeó un par de veces y luego, estalló en una carcajada tan fuerte que tuvo que apoyarse en el respaldo de una silla.
- Jajaja.... jajaja... ay, no, por favor!- replico entre risas- es demasiado temprano para que me sueltes estas joyas, qué buena broma para empezar el día, virtuosa!...... otro desayuno, en el club y con tu familia!!- y su carcajada solo se avivó, al grado que se tomó el estómago pues ya le dolía- jajaja..... jajaja..... tú estas loca y ho que pensé que no sabías lo que era el sentido del humor!!
Pero al ver que Haydeé no se reía, no se movía, y mucho menos retrocedía, sus carcajadas se apagaron lentamente,la joven seguía ahí, con esa misma sonrisa dulce, pero con los ojos clavados en los suyos como una amenaza silenciosa.
- No estoy bromeando- dijo, sin perder el tono.
- No?- preguntó él, ya sin rastro de risa, aunque una ceja levantada aún sostenía algo de incredulidad.
- No- repitió ella.
Lennox se cruzó de brazos, respiró hondo y dejó caer la cabeza hacia atrás con un quejido largo y dramático, tratando de darle sentido al drama que no parecía tener fin.
- A ver si entendí- indicó al fin, con voz seca- espantar al abuelo disfrazado de joven fue un pago y divertido, desayunar con tus padres fue como adquirir una deuda eterna..... pero esto, Haydeé..... esto ya es una deuda de sangre, estás dispuesta a pagarme con tu alma?, tus órganos? o tu primogénito?- la joven lo fulminó con la mirada, sintiendo el calor subirle por el cuello y los oídos, se sintió humillada y estúpida, pero también atrapada.
- No tengo opción- acepto entre dientes.
- Ah, no?- debatió él, afilando la voz con obviedad- y decir la verdad?, ya lo intentaste?... no se te ocurrió probar con eso?, porque es más barato, más rápido y, quizás te sorprenda, pero también es más sano para la presión arterial.
- Eso ya no es una alternativa- respondió ella, tensando la mandíbula.
Lennox la observó, esta vez sin sarcasmo, su rostro se había endurecido con seriedad, el hombre se cruzó de brazos de nuevo, más despacio, y la miró con intensidad.
- Hasta dónde piensas llevar esta absurda farsa?- preguntó en voz baja- cuál es el final del cuento?, vamos a casarnos para convencer a tu mamá?, tener hijos de mentira?, inscribirnos en una hipoteca imaginaria?, no sé si lo gas notado pero esto.... esto se está complicando y va a explotar, y será en la cara de ambos.
Ella lo escuchó sin inmutarse, consciente de todo lo que Lennox decía, consciente que esta farsa tendría que tener algún fin sin embargo, justo ahora no podía ser.
- Tal vez.... tal vez este evento sea lo que se necesita para que mi familia te desprecie- respondió con una voz más suave, pero igual de tensa- como debería y me exijan que termine contigo....tal vez eso es todo lo que hace falta para que esta locura se termine- concluyó aunque sin mucho convencimiento.
Lennox dejó escapar un suspiro largo y cargado de ironía, y sin querer se le escapó una risa sin humor, pero este asunto ya se estaba tornando peligrosamente enredado y quizás no podría salir con tanta facilidad cómo Haydeé pretendía hacerle creer.
- Y si no?- preguntó alzando la mirada hacia ella con un gesto entre incrédulo y cansado- qué vas a hacer si no te piden que me dejes?..... si tu mamá me vuelve a invitar a otro desayuno exótico donde el pan cuesta lo mismo que un riñón en el mercado n***o? o si tu papá me vuelve a dar la mano como si fuéramos socios?, qué vas a hacer, Haydeé, si empiezan a aceptarme?
Pero ella solo se quedó callada, no tenía una respuesta, aunque no lo creía posible había una diminuta posibilidad y ese era, precisamente, su mayor preocupación.
- No te preocupes- dijo Haydeé con la voz firme, aunque le temblaban los dedos- no te van a aceptar, créeme, mi madre me mata antes de permitir que me case contigo, solo es un evento, un maldito desayuno de caridad.....nada más.
Sin embargo, él no parecía convencido, eso mismo le dijo cuandonle presentó al flamante matrimonio Lehman y lo único que obtuvo fue la bienvenida a la familia, y él ya no tenía intención de involucrarse más, Lennox negó con la cabeza despacio, apretando los labios, cruzando los brazos con determinación, alguien debía ponerle fin a todo ese absurdo, y probablemente tendría que ser él.
- No Haydeé, todo esto se está saliendo de control..... lo más prudente es que deje de involucrarme, ya cumplí con mi parte y eso es todo.
- Por favor- insistió ella, dando un paso más cerca- mi madre prácticamente me lo exigió, ya no es un capricho....es una orden disfrazada de cortesía, qué se supone que voy a decir si no vas?- cuestionó angustiada, pero Lennox solo alzó una ceja, y su voz se tornó tajante.
- No sé, invéntate algo....di que estoy enfermo, que salí de viaje, que me mordió un perro rabioso en plena calle y estoy en observación..... cualquier cosa, aparentemente mentir se te da bastante bien.
El golpe de sus palabras fue directo e innecesariamente cruel, Haydeé se quedó congelada por una fracción de segundo y luego, sus ojos comenzaron a humedecerse, sin poder evitarlo, la boca se le tensó, el dolor y el resentimiento se mezclaron en su mirada mientras lo veía con dignidad apenas sostenida.
- Muchas gracias, Lennox- exclamó con voz quebrada- ya veré cómo lo resuelvo- y acto seguido se dio la vuelta y salió del departamento.
- Mierda...- Lennox se reprochó antes de salir corriendo detrás de ella- espera.
Pero Haydeé no se detuvo, cruzó el pasillo a toda prisa, abriendo la puerta del suyo con manos temblorosas, y justo cuando estaba por cerrarla de golpe, una mano impidió el movimiento.
- Haydeé espera, por favor- sin embargo ella solo apretó los labios, intentando ocultar sus ojos que ahora sí estaban llenos de lágrimas- no llores- pidió con una voz mucho más baja y, por primera vez en ese día, sincera- por favor, no llores, puedes gritarme, insultarme, recordarme que soy un grosero, un bruto, lo que quieras.... pero no quiero verte llorar.
Haydeé parpadeó un par de veces, como si eso le ayudara a borrar el ardor que le cubría los ojos, sin embargo, era más su orgullo y dignidad que las palabras del hombre.
- No veo por qué te importa- debatió intentando cerrar la puerta, pero Lennox se lo impidió.
- Solo no quiere verte llorar.....y diablos!!!, sé que nos vamos a arrepentir pero.....uhum.... iré contigo!- la joven lo miró sorprendida y aún así ahora era ella quien no continuaría con la farsa.
- Ya no es necesario que me acompañes- repitió con voz hueca, girando un poco la puerta para cerrarla, y de nuevo él no la dejó.
- Sí lo es, porque ya estoy metido en esta telenovela barata contigo- admitio muy a su pesar- y no pienso dejarte sola frente a la inquisidora de tu madre- Haydeé alzó la vista, sorprendida y con los ojos brillantes por las lágrimas aún contenidas.
- De verdad.... vas a ir?
- Sí, voy a ir- dijo él con fingida resignación- pero si voy a ir, al menos dime qué demonios debo ponerme para que a mi suegrita no le dé un infarto en medio del canapé de salmón, debo llevar túnica?, traje de pingüino? o me pongo la chaqueta que me prestó el maître aquel día?, porque de otra manera no sobreviviré a un desayuno con aroma a oro molido y pan con nombre impronunciable.
Por primera vez en varios minutos, Haydeé soltó una risa ahogada, apenas audible, y se limpió disimuladamente los ojos con la manga.
- Con que no vayas en jeans rotos, ya estás salvado.
- Entonces tendré que quemar la mitad de mi armario.
- Probablemente.... o disfrazarte de Lawrence.
- No me insultes- gruñó él, arrugando la nariz con una mueca de horror fingido- eso sí que no.....a menos que eso te guste?- ella sonrió, más relajada esta vez.
Y por unos segundos, el pasillo pareció un territorio neutral donde ambos podían existir sin sarcasmos ni reglas, farsas o agresiones.
- Tal vez deba preparar un traje- murmuró Lennox, cruzándose de brazos mientras la observaba con una ceja arqueada.
- Sería lo más prudente- replicó Haydeé con tono firme, con la puerta entreabierta y el cuerpo aún tenso- pero nada exagerado, es un evento por la mañana, no una alfombra roja.....debe ser algo casual.... pero presentable.
- Ah, claro- respondió él, soltando un largo suspiro mientras alzaba la mirada al techo- casual y presentable, sencillo pero aceptable.... todo muy específico.
- Tienes algo así, cierto?- preguntó la joven cruzándose de brazos y observándolo con una mezcla de sospecha y esperanza.
Lennox se rascó la cabeza, ladeando la boca con gesto pensativo, confirmando las peores sospechas de Haydeé.
- No lo sé.
- Cómo que no lo sabes?- preguntó Haydeé, abriendo los ojos con una mezcla de incredulidad y alarma.
- No sé si tengo ropa digna de un evento de club social a plena luz del día- se defendió él con tono desenfadado, sin perder la sonrisa burlona- no es mi hábitat natural, sabes?, si fuera una carne asada en la azotea o una noche de poker, estaría perfecto.
Haydeé cerró los ojos con fuerza, apretando el puente de la nariz como si se contuviera de golpearlo con la puerta, preguntándose por qué no se conformó con su negativa.
- Perfecto- murmuró, negando con la cabeza- entonces qué planeas usar?, otra vez tus jeans rotos y botas de construcción?, porque, si es así, mejor no vayas, mi mamá va a convulsionar en cuanto te vea entrar vestido así y peor, en un evento de caridad organizado por Margot- Lennox sonrió con toda la calma del mundo y se encogió de hombros.
- Quizás si me dejas ver tu juicio experto, podrías darme alguna opinión, ya sabes.... pasar revisión antes de provocar un infarto masivo- Haydeé lo miró de reojo, escéptica, como si intentara descifrar si iba en serio o solo buscaba hacerla rabiar.
- Quieres que revise tu ropa?
- Y por qué no?, eres la experta en eventos absurdamente refinados a los que la gente asiste solo para demostrar que sabe usar más cubiertos que palabras.
- Está bien- la joven suspiró, cruzando los brazos con resignación- seguramente es lo mejor, no pienso dejarte aparecer con una camiseta de cómic o algo igual de.... bochornoso.
- Y las botas?
- Ni lo pienses.
Él soltó una pequeña carcajada mientras retrocedía un paso para darle acceso a Haydeé, y ya podía anticipar con deleite su reacción al ver su guardarropa.
- Entonces pasa, señorita inspectora de vestuario, adelante, adéntrate en el armario del horror..... unque te advierto: no hay zona segura.
Haydeé caminó de regreso al departamento de Lennox con la expresión de quien se arma para una guerra, una guerra en la que lo que estaba en juego no era su vida, sino la última gota de dignidad que su familia le podía permitir mantener, y desgraciadamente parecía haberla perdido antes de siquiera intentarlo, pues en cuanto estuvo frente al desordenado closet se quedó completamente rígida, sus ojos recorrieron lentamente cada prenda, cada percha, cada rincón con una mezcla de desconcierto y resignación.
- Esto.... es todo?- preguntó finalmente, con voz incrédula.
Camisetas lisas o con estampados de dudoso gusto, jeans gastados, sudaderas, chamarras casuales colgaban con descuido, en la parte inferior, un par de botas, algunos tenis maltratados y en la esquina del armario, como si intentara pasar desapercibido, un par de trajes n***o, oscuro como su paciencia, y eso sí, un montón de camisas blancas y negras dobladas sobre un gabinete, y parecian recién compradas aunque no de muy buena calidad.
- Esto es todo- confirmó él, apoyado con los brazos cruzados en el marco de la puerta, divertido al ver cómo ella escarbaba con desesperación entre los orificios del clóset y hasta se subía en puntas para revisar las gavetas superiores, como si estuviera buscando una reliquia perdida.
- Qué clase de vida llevas en la que esto te parece suficiente?- soltó la joven con un tono afilado- quién vive con dos trajes?, quién?!..... además para qué quieres tantas camisas?!
Lennox agacho la cabeza, ocultando la diversión por un chiste que solo él conocía y que sabía enloqueceria a Haydeé, así que opto por responder sin dar demasiada información.
- Soy un hombre sencillo y funcional- aclaro levantando un dedo con solemnidad fingida- y no necesito más.
- Por supuesto que no!, para qué querrías algo más, si todo lo que haces parece implicar jeans, sarcasmo y ojeras?- replicó ella, girándose hacía el hombre con un gesto frustrado antes de volver a mirar los trajes- y esto?... estas son tu gloriosas prendas formales?
- Esos trajes son necesarios- dijo él, con una sonrisa que empezaba a curvarse con cierta picardía- y cumplen su función- una contestación que solo provocó más curiosidad, Haydeé entrecerró los ojos, ladeando el rostro con desconfianza y esperando finalmente descubrir ese secreto que había ocupado más tiempo en su mente, del que estuviera dispuesta a admitir.
- Qué función?, qué haces que requiere dos trajes y un montón de camisas?, acaso las usas en esas extrañas salidas nocturnas que nunca quieres explicar?
Lennox rio por lo bajo, y su expresión se tornó más traviesa mientras se acercaba un poco más, deteniéndose justo detrás de ella.
- Para qué negarlo?, quizas ya hasta lo sospechas- murmuró cerca del oído de Haydeé con una sonrisa ladina, saboreando en silencio la ironía de la verdad que aún desconocía.
- Sospecho qué?!- y ella giró lentamente para mirarlo, el ceño fruncido.
- Que soy un hombre de misterios, secretos y decisiones de vestuario cuestionables- respondió él, dándose la vuelta con teatralidad, como si acabara de revelar el final de una novela de espías.
- Sabes qué?!, creo que lo único sospechoso aquí es tu estado mental!!- debatió ella, señalandolo con un dedo acusador- y lo peor es que me estás obligando a ir a un evento social con alguien que tiene menos opciones de ropa que mi abuela en los años ochenta.
- Entonces estamos a mano- replicó él sin perder la sonrisa- porque tú me estás obligando a ir a un evento de caridad rodeado de gente que preferiría ver arder el mundo antes que aceptarme como el "novio" de su hija.
- Perfecto- dijo Haydeé, cruzando los brazos- ambos somos víctimas.
- Jajaja.... no lo somos, pero ya que decidí acompañarte supongo que eso me vuelve ligeramente complice!- Haydeé soltó un largo suspiro, todo parecía divertirle a Lennox y para su desgracia, eso solo la intrigaba más.
- Con esto, Leigh Anne se va a desmayar- y decidió regresar su atención al closet y su deprimente contenido.
- O va a pedir mi acta de defunción en cuanto me vea, en ambos casos, será un show memorable- dijo Lennox encogiéndose de hombros.
Y por primera vez en toda la escena, Haydeé no pudo evitar reír, aunque se cubrió la boca para no darle el gusto de notarlo.
- Nada de esto sirve- declaró Haydeé categóricamente mientras observaba los trajes con expresión crítica, como si estuviera a punto de diseccionar una criatura exótica y ligeramente ofensiva, la joven alzó una de las camisas que encontró, estirandola con desdén- de verdad combinas esto con estas camisas?, en serio?
- Tiene lindos botones- defendió Lennox, cruzándose de brazos- y no está rota, creeme podría estar en peores condiciones.
- Esto no es una parrillada en el patio trasero- bufó ella- es un evento de caridad en el club, ni jeans, ni camisas que usaste en tu último concierto de garage ni chamarras que parecen haber peleado con un mapache, tienes que tomar medidas.
- Perfecto, medida número uno: no voy- amenazó él girándose hacia la puerta como si el tema estuviera zanjado.
- Sí vas- dijo ella, siguiéndolo.
- No pienso gastar un centavo en ropa que no necesito, mis ahorros son sagrados, Lehmann.... sagrados- recalcó con mucho énfasis.
- Entonces tendrás que confiar en mí- replicó Haydeé ignorándolo completamente mientras regresaba al clóset y tomaba el pantalón del traje n***o con eficiencia quirúrgica, le dio la vuelta para mirar la talla, midió el largo con la vista y luego alzó una ceja como si estuviera evaluando un cadáver- bien, esto me da una idea.
- Una idea de qué?- preguntó Lennox, alarmado, mientras ella ahora revisaba la camisa blanca, comprobando lo ancha que era en el pecho y lo ajustada que quedaría en los brazos.
- Eres un caso particular- murmuró para sí misma- musculoso, hombros anchos, cintura firme... y cabeza dura como el concreto.
- Gracias, supongo- inquirió frunciendo el ceño- y exactamente qué estás haciendo?
- Lo necesario para que puedas asistir a ese evento sin provocar un colapso nervioso en mi madre... o en Margot... o en media ciudad- Haydeé tomó también la chaqueta y mirando la etiqueta hasta que finalmente se volvió hacia él con una sonrisa resuelta- vas a ir y yo me voy a encargar de que lo hagas como se espera de ti.
- Qué planeas?!- preguntó Lennox, dando un paso al frente, poniéndose frente a la puerta como si intentara bloquear la salida de un intruso peligroso.
- Lo justo y necesario- aseguro mirándolo desde su escasa estatura con una mezcla de dulzura y determinación que a él no le gustaba nada- tú solo preocúpate por conseguir un automóvil decente para el evento, nada de tu motocicleta vintage ni de ir con casco y chamarra de cuero como si fuera Halloween.
- Perdón?, automóvil?
- Sí, algo elegante y discreto.... ah.... y preferiblemente con puertas que no se abran con una patada- remató con sorna mientras abría la puerta del departamento.
- Y cómo pretendes que consiga un auto así?, robo uno?- exclamó él, siguiéndola con la mirada, aún procesando todo lo sucedido y dicho.
- Usa tu ingenio- grito ya saliendo al pasillo con el pantalón colgando del brazo- pero hazlo, porque tú y yo vamos a ese evento y esta vez, lo haremos bien.
Y sin más, se marchó, cerrando la puerta tras de sí con la seguridad de una general que ha dejado instrucciones claras, Lennox se quedó de pie en su departamento, mirando la puerta cerrada como si acabara de ser asaltado por una tormenta con forma de mujer.
- Qué demonios va a hacer esa loca ahora?- murmuró, llevándose una mano a la nuca con un gesto entre resignado y levemente aterrado.
Lennox se dejó caer de espaldas sobre su sofá, los brazos extendidos, su mirada se quedó fija en el techo mientras su mente arrancaba el inevitable monólogo mental que siempre llegaba cuando Haydeé Lehmann lo arrastraba, una vez más, a una dimensión paralela de caos elegante.
- Y ahora qué demonios voy a hacer?- murmuró con tono sombrío, arrugando la frente- de dónde se supone que voy a sacar un automóvil “suficientemente decente” para ir a ese maldito evento de caridad?, porque claro, no puede ser cualquier cosa con ruedas, no, tiene que tener clase, presencia.... puertas que no se abran con una patada.
Se giró en el sofá dejándose caer de lado, enterrado la cara en el cojín por un segundo, antes de soltar un gruñido frustrado.
- Esto me pasa por meterme donde no me llaman, hubiera sido más fácil y sano decir “gracias, pero no gracias” cuando empezó esta telenovela.... pero no, no puedo ver llorar a una mujer..... porque claro, muy rudo, muy musculoso, muy alto, pero en cuanto ve lágrimas ya me derrito como mantequilla en sartén caliente, un corazón de pollo con bíceps..... genial, Lennox.
Se endrezo de nuevo y se masajeó las sienes, pensando seriamente en lo sucedido.
- Y qué estará tramando esa loca de Haydeé?, porque si me presenta en ese club vestido igual que Lawrence, juro que me lanzo al lago más cercano, sólo de recordar ese suéter verde de penitencia me da escalofríos- el hombre se estremeció, cruzando los brazos como si el recuerdo fuera físicamente doloroso- y si la loca quiere que yo me vista como uno de ellos?, blazer azul, peinado hacia atrás, sonrisa plastificada?- Y ante la idea negó con la cabeza, sacudiéndose la imagen- no, no, no, me rehúso y si voy, pero no pienso convertirme en una imitación de yerno perfecto, eso sí que no.
Su mente volvió al tema del automóvil, porque si algo le pesaba tanto como el traje era tener que presentarse como novio ficticio de Haydeé Lehmann en un coche que hiciera temblar de horror a Leigh Anne desde media cuadra.
- A ver…. el auto de Henry es decente, bastante limpio, pero lo usa su familia y lo presta menos que un riñón, así que descartado- frunció los labios, descartando mentalmente la opción- Jordan, su hermana estaría encantada de prestarme su coche, más que encantada- e hizo una pausa, imaginando la escena- demasiado encantada, lo vería como la señal del destino que espera desde que me conocio y no voy a ilusionar a nadie...paso- Lennox suspiró fuerte, dejando caer la cabeza hacia atrás- Matías.... su carcacha apenas arranca, necesitaría rezar, empujarla, y aún así no sé si llegamos al club o a un taller mecánico, seguro la virtuosa del tormento se muere....- y solo le quedaba una opción- T- el nombre salió como un veredicto inevitable, amargo y sin mucho ánimo se frotó el rostro con ambas manos- claro, el señor de los mil vehículos, seguro tiene algo que no parezca de contrabando o sacado de “Rápidos y Furiosos”, desgraciadamente pedirle un favor a T es como prender la mecha de una bomba, vas a tener interrogatorio, burlas y probablemente te tome fotos....genial- el joven se quedó en silencio unos segundos y luego soltó una risita amarga- maldita sea la hora en que me metí en esta farsa y ahora mírame, el novio ficticio de una violinista vengativa con complejo de mártir... y no, no es violinista, es chelista!- y se levantó de golpe- y ahora me sé la diferencia!... perfecto!.... estoy jodido.
Y así, mientras maldecía por lo bajo, Lennox comenzó a buscar su teléfono para escribirle a T, porque al final del día, incluso los tipos duros y testarudos saben cuándo ya están demasiado metidos como para escapar y él ya no podía escapar.