Danna no dejaba de marcar el número de Daniel. El joven, después de un tiempo apagó su celular, estaba en un bar dejando que sus penas se ahogaran en el alcohol. No quería saber nada de su problemática esposa, no después de haberlo intentado asesinar. —Vaya, se nota quieres olvidar tu vida —escuchó a su lado. Pudo ver a una joven de cabello n***o que llevaba un vestido rojo fuego ceñido al cuerpo, algo que la hacía ver muy bien, tenía un cuerpo de diosa. Estaba sentada a dos bancas de distancia de él. —Bueno, no es que haya tenido un gran día —dijo Daniel. —Qué mal, en momentos como este es cuando uno necesita algo de compañía —soltó la joven—. Soy Camila, ¿cuál es tu nombre? —Daniel —respondió mientras la veía fijamente. —¿Me invitas un trago Daniel? —preguntó ella sonriente.

