El centro cívico de la ciudad, una gran plaza con piso de cemento y baldosas, sin árboles y dos edificaciones de madera, piedra gris oscura y techos de tejas negras, se encontraba vacío. No había nadie allí, pero todos sospecharon de aquel silencio desértico. Y no estaban errados, las arpías se encontraban escondidas en el techo del edificio del reloj, esperando a tomarlos por sorpresa. No obstante, Rosae Crucis también había planeado separarlos para dejar a su suerte a quienes quedaran últimos en las manos de Griselda, y las arpías eran las primeras en aparecer. Avanzaron sobre la plaza hasta llegar a la calle y rodear los autos, para traspasar una de las edificaciones y llegar a la zona comercial de la calle Mitre, encontrándose con unos de los primeros pasadizos. Cuando estaban a pun

