Gabriela se había puesto en la minuciosa tarea de conseguir, a como diera lugar, la forma de contactarse con el esposo de Eliana buscando denodadamente su objetivo final, y hacerle saber todo lo que su esposa y yo estábamos haciendo a sus espaldas. Y lo logró: hurgó, escarbó, rastrilló, recorrió pacientemente y una por una todas las r************* , hasta que dio con Edgardo, el esposo de Eliana. Una vez que lo tuvo en la mira sólo fue cuestión de apretar el gatillo y sacudirle el arsenal pesado de municiones que tenía, y dar la estocada final enviándole la foto que había reenviado desde mi teléfono al suyo. Con todo ese material reunido más sus heridas sangrantes llegó esa noche a la casa y bastaron unas simples preguntas para desarmar los esquemas y el silencio de su mujer, de una Eliana
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