CAPÍTULO DIEZ Cuando se levantó esa mañana, lo último que había planeado Brenda era casarse. No formaba parte de su lista de tareas. Pero aquí estaba, con un acuerdo prenupcial en una mano y una solicitud de licencia matrimonial en la otra. Y todo ello parecía lo más normal del mundo. Contarle a Keaton sus apuros financieros, planear con él su futuro inmediato, hacer listas… todo parecía normal. Sería un muy buen ayudante en el rancho. En otras circunstancias, seguramente hasta serían amigos. Como pronto estarían casados, creyó que quizás deberían ser amigos. Pero eso tendría que esperar un poco. Ahora mismo, tenían que rellenar esa solicitud y esperar su turno en el ayuntamiento. No es que fuera a haber una cola en esta ciudad tan pequeña; aquí las bodas eran asuntos familiares. Estab

