CAPÍTULO VEINTITRÉS Keaton forzó al caballo, pero al animal no parecía importarle en absoluto. Había pasado gran parte de su tiempo sin correr apenas, durante su estancia en el rancho Purple Heart. Estaba siendo utilizado como animal de terapia para ayudar a sanar a los soldados heridos y amputados, pero ahora tenía una misión real. Los cuatro soldados se acercaron al malhumorado exempleado. Keaton estaba lo suficientemente cerca del mayor de los Bautista como para ver el blanco de sus ojos, aunque no había mucho blanco que ver. Los ojos de Manuel Bautista estaban muy abiertos, con manchas rojas en el rabillo. Parecía la definición de alguien inyectado en sangre. Tuvo suerte de que Keaton estuviera desarmado, aunque de buena gana usaría sus propias manos para golpear al viejo. Bautista
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