Alguien está acabándose el timbre de mi departamento y debe de ser una de las cosas que más joda me dan en la vida, ¿qué les cuesta tocar una sola vez y esperar? ¡Absolutamente nada! — ¡Ya van! quién quiera que sea deje de acabarse el maldito timbre — paso mis dedos por mi cabello en clara señal de desespero — ¿Qué se te ofre...? — no puedo siquiera, terminar la frase cuando veo a tres chicos cargados hasta las orejas de ramos de unas hermosas rosas rojas. — ¿Amelie Rodhes? — pregunta uno de ellos que lleva una Tablet en la mano, asiento con la boca aún abierta, casi tocando el piso — firme en este cuadro por favor — me entrega un hand hell y la pluma de plástico, me quito de la puerta para que puedan acomodarlas por donde ellos consideren. Son un total de veinte ramos con doce rosas

