Gracias al maldito infierno Tyler se ha ido de la cocina, me dejo solo con mi pequeño ángel, al que por cierto pienso montar sobre la estúpida mesa, quiero hacerla mía desde que la vi entrar con mi playera puesta. Ver como sus rosados labios sobaban la orilla de la taza en lugar de mis labios o mi polla me hizo sentir ganoso, deseoso y sobretodo caliente, da miedo que cosas tan básicas como esa me puedan poner como un puto cohete a punto de despegar. Sentarla en mi regazo y darle de desayunar por mucho ha sido uno de los momentos más íntimos no sexuales que he tenido con nadie en toda mi vida, por un parde minutos era ella para mí y yo para ella, lo demás muy sinceramente me valía una puta mierda. Todo se empieza a derrumbar cuando me dice que necesita sus cosas para irse, ella solo deb

