NARRA FABIEN La alcancé y la sujeté del brazo, jalándolo con fuerza. —¡Ven acá! —le exigí. —¡Suéltame! —demandó, tratando de alejar mi brazo. La ignoré por completo, afiancé mi mano en su brazo y prácticamente la arrastré a mi oficina y me encerré ahí con ella. —¿Se puede saber qué mierda te pasa? —rugí, aventándola lejos de mí, pero haciéndola girar, para que mirara la furia que había provocado en mí—. ¿Acaso no te ha quedado claro todo lo que te he dicho? —¡No lo soporto, Fabien! —lloriqueó, echando rabieta como si fuera una niña—. ¡No soporto verte junto a esa estúpida que se ha robado tu atención! Di dos zancadas violentas y la agarré del mentón con fuerza. —Que sea la última vez que la llamas así frente a mí, o en cualquier otro momento de tu puta vida —rugí en su rostro—. ¡Ev

