NARRA SEBASTIÉN LE ROY —¡Maldito infeliz! —me gruñó, comportándose como si fuera una fiera salvaje—. ¡Te juro que te vas a arrepentir! ¡Te juro que tus planes jamás se llevarán a cabo y primero voy a escupir sobre tu tumba, antes que casarme contigo! Le esbocé una sonrisa sardónica que la enfureció más. Me gustaba esta nueva Evangeline. Nada tenía que ver con la chiquilla insulsa de antes; tan sumisa, tan simplona, que no llamaba la atención de nadie, por más que se lo hubiera propuesto. Pensé que después de todo, al final si terminaría disfrutando de mi matrimonio con ella y la iba a pasar bien, buscando ese ansiado heredero, porque obviamente, yo no iba a aceptar al bastardo que estaba esperando. La idea de aceptar al bastardito, era únicamente para hacerla caer en mi trampa y que no

