NARRA EVANGELINE Le hablé e hizo de cuenta que no escuchó. Traté de acercarme a él y me ignoró. Estaba molesto, no tenía ninguna duda de ello. Sus hombres comenzaron a despojar de sus armas a los hombres de mi padre. Nadie decía nada, pues temían que aquellos hombres que se veían tan despiadados y como unos verdaderos asesinos, cumplieran las amenazas de Fabien. El único sonido que se escuchaba era el de los sollozos ahogados de la madre de Sebastién. Volteé a ver su cadáver y sentí un poquito de compasión y arrepentimiento. Como ya se me había bajado la adrenalina del momento, ahora recaoacitaba en lo que había hecho. Había matado a alguien y me había convertido en una asesina, además había amenazado de muerte al Arzobispo. «Diosito no me iba a perdonar por esto y me iba a ir al inf

